Espiritualidad


JESUCRISTO CAMINO, VERDAD Y VIDA


 


 

Esta devoción («estilo de vida») es la herencia que el Fundador nos ha dejado: «No tengo ni oro ni plata, pero os doy lo que tengo: a Jesucristo camino, verdad y vida» (CISP 63).

Es la Síntesis de la personalidad completa del paulino: «En nuestro Instituto tiene auténtica y recta personalidad quien vive integralmente el ideal paulino, según su estado y aptitudes» (CISP 783). «La Familia Paulina tiene una sola espiritualidad: vivir integralmente el evangelio; vivir del Divino Maestro ... » (UPS III, 187-188). «[ ... Aspira a vivir integralmente el evangelio de Jesucristo, camino, verdad y vida, en el espíritu de san Pablo, bajo la mirada de la Reina de los Apóstoles» (AD 93). «Este es el gran secreto de la vida espiritual: configuración con el Divino Maestro. Aquí está la fuente, el camino y la corona de nuestra vitalidad y expansión» (HM III, 1946).

Es un principio inspirador indispensable:

a) para intuir e introducirnos en la circulación de amor de la Trinidad;

b) para comprendernos a nosotros mismos;

c) para comprender la función primaria de la comunidad en su camino de formación, con base en el modelo de la Comunidad trinitaria: comunidad de amor-comunidad de interacción-comunidad liberadora.

1. Dios se expresa y se manifiesta como «Amor» porque es trinidad. Cristo Maestro revela la Trinidad: como Verdad nos revela al Padre; como Camino se manifiesta a sí mismo en cuanto Hijo y Palabra del Padre; como Vida, nos revela la relación de amor entre el Padre y el Hijo, que es el Espíritu.

2. Nosotros hemos sido creados a imagen de Dios; somos nosotros mismos «trinidad»; pero a causa del pecado, somos una «trinidad fallida», aun permaneciendo, por el designio original de Dios, como «trinidad encarnada». El P. Alberione hace suya esta expresión de Dubois. Mente, voluntad y corazón -las tres «dimensiones» de nuestro ser, que antes del pecado eran felizmente reconducidas a la unidad de la persona- están con frecuencia en contraste dentro del hombre: «El bien que quiero hacer no lo hago; el mal que no quiero hacer, eso es lo que hago... ¿Quién me librará de este ser mío presa de la muerte?» (Rm 7,19-24). La redención es el trabajo de reconstrucción que Dios lleva a cabo a través de Cristo, en esta imagen interior suya que es el hombre. Pero es un trabajo de reconstrucción que parte de lo profundo: Cristo, por medio de su Espíritu, se convierte en el principio unificador de nuestras «dimensiones»:

a) como Verdad, ilumina nuestra mente para que se uniforme con el Padre y viva su fidelidad;

b) en cuanto Camino, guía nuestra voluntad a fin de que sea conforme al Hijo, cuyo único deseo era cumplir la voluntad del Padre, para que, como él, también nosotros lleguemos a ser «palabra del Padre»;

c) como Vida, calienta e inflama nuestro corazón, para que el Espíritu sea el punto de referencia para un «ágape» con los hermanos y para una armonía consigo mismo.
«Toda la vida paulina debe injertarse en Jesús Maestro, camino, verdad y vida... Conformar la vida a Jesús Maestro no es un simple consejo, es la esencia de la Congregación; es ser o no ser paulinos» (Meditación a la comunidad FSP, Roma, 1957).

3. La cristología trinitaria parte de la vida que fluye entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Vida de comunión que debe reflejarse también en la vida comunitaria. Cada comunidad debería, pues, reflejar en su ser y en su actuar la vida de la Trinidad:

a) vida de amor en sentido vertical y horizontal: buscar el uno el bien del otro, como el Padre para el Hijo;

b) se vive en común para que el individuo halle en la comunidad el lugar adecuado para co-edificar y madurar espiritual y apostólicamente: ser palabra-de Dios y transparencia suya como el Hijo;

c) en la medida en que vivamos en comunión con Dios y caminemos en su Espíritu, estaremos en comunión con los hermanos: vivir el amor que libera y la comunión en el Espíritu Santo.