Nació en Milán a comienzos del siglo XII. Siguió la carrera eclesiástica y llegó a ser canciller y archidiácono de la diócesis de Milán. Precisamente como archidiácono estuvo al lado del arzobispo Oberto de Pirovano en su decidida oposición al antipapa Víctor IV y al emperador Federico Barbarroja que lo apoyaba. Como Milán se atrevió a oponerse al poder imperial, en 1162 la ciudad fue totalmente destruida. Oberto tuvo que refugiarse donde el Papa legítimo, Alejandro III. Cuando murió el arzobispo Oberto en Benevento, el Papa nombró inmediatamente a Galdino como sucesor, y él mismo lo consagró obispo el 18 de abril de 1166, y después lo nombró cardenal. Fue, pues, el primer cardenal de Milán. El nuevo arzobispo apoyó las empresas de la Liga lombarda de los Comunes y se preocupó por la vida religiosa de la diócesis. Dio testimonio concretamente de la caridad de Cristo interesándose por los pobres, sobre todo por los que se avergonzaban de extender la mano para pedir limosna, y por los que habían sido encarcelados como deudores insolventes: para ellos instituyó lo que más tarde se llamó “el pan de san Galdino”. Otra grande preocupación suya fue por la ortodoxia cristiana de sus fieles: por eso combatió con energía contra las nacientes herejías cátaras. La importancia que él le daba a tal lucha lo demuestra el hecho de que san Galdino murió literalmente sobre el púlpito, el 18 de abril de 1176, inmediatamente después de haber terminado un discurso contra los cátaros. |