En Colmar (Alsacia) se dedicó a la carrera forense. Marco Reyd, más inclinado a los severos estudios filosóficos que a las arengas en los tribunales, aceptó la invitación del conde de Stotzingen, que le confiaba a los hijos y a un grupo de jóvenes para que los dirigiera en los estudios y en el conocimiento de los problemas del mundo contemporáneo. Durante seis años visitó varias ciudades de Italia, España y Francia, impartiendo a los jóvenes y nobles alumnos sabias enseñanzas, por lo cual fue llamado el “filósofo cristiano”. A los 34 años de edad abandonó todo y regresó a Friburgo, en donde ingresó a la Orden de los frailes capuchinos. Por su sabiduría fue propuesto como guía de varios conventos, y cuando era guardián del convento de Weltkirchen los habitantes de la región pudieron admirar su extraordinaria caridad y su valentía en la asistencia a los atacados por la peste. |