... Con el cuerpo
¿Cierto que algo no funciona? Las piernas torcidas, la barba que no nace, los senos pequeños, los ojos medianamente cafés. Quieren parecerse a Brad Pit o Carla Bruni, y en cambio, se ven como feos renacuajos. Esto no les permite sentirse bien con ustedes mismos, vienen las tensiones, sobre todo porque ven a los demás perfectos. No dejen, jóvenes, que las transformaciones corporales terminen siendo un problema angustioso. No se consideren renacuajos, sino más bien flores que s ' e están abriendo. Hay que darle tiempo al tiempo. En el fondo hace poco que conocen el nuevo cuerpo, fruto de] desarrollo. ¡Tengan paciencia: aprenderán a estimarlo y a cuidarlo. Descubrirán que los ojos, aunque sean cafés, tienen la profundidad ' del mar; que las piernas si son largas les darán figura de atleta, y que la nariz torcida puede ser interesante!
... Con los amigos
Parece imposible, pero incluso el amigo o la amiga de la infancia ya no está más. Sus intereses son diferentes, el modo de pensar los aleja cada vez más, ¿cómo es posible? Hasta ayer amigos entrañables y ahora... Hace parte del crecimiento, tranquilos. Cierto, hace sufrir, pero no se depriman tanto. Seguramente encontrarán un nuevo amigo, una nueva amiga con quien estar de acuerdo, con quien recuperar aquella sintonía que tanto les falta.
No hay nada que decir: la adolescencia es la edad de los descubrimientos. Y, entre ellos, el del corazón: un corazón que palpita y quiere ser escuchado.
Pero, si por acaso el amor no es correspondido, si se ha recibido una desilusión, si han sido engañados, ¿qué es lo que sucede en el corazón? Se cierra como un erizo; no escucha a nadie. El cielo se nubla, y pasan tardes enteras preguntándose por qué duele crecer. Ánimo, jóvenes, todo hace parte del juego, el juego de la vida, que un día alegra y otro día entristece. La adolescencia les hace vivir las primeras desilusiones, en los amores no correspondidos que dañan el corazón y hacen llorar. ¡Pero nunca dejen de amar, de afrontar los problemas del corazón con la serenidad propia de la edad: aprendan que, también como adolescentes, después no se vive tan mal! |