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12 DE AGOSTO
SAN EUPLIO (Diácono y mártir)

La popularidad de santa Agueda en Catania (Italia) ha dejado en la sombra a otro glorioso mártir, el paisano san Euplio (o Euplo), diácono, que sufrió el martirio “bajo el noveno consulado de Diocleciano y el octavo de Maximiano, la víspera de los “idus” de agosto, en Catania”, es decir, el 12 de agosto del año 304. Estos datos nos vienen de un antiguo documento, históricamente atendible, la Passio de san Euplio, ejemplar por concisión y dramaticidad. “El diácono Euplio, hallándose en el espacio detrás del velo del tribunal, gritó: ‘Yo soy cristiano; quiero morir por el nombre de Cristo”’. El gobernador de la ciudad, Calviniano, lo llamó y después de algunas palabras introductorias le ordenó que leyera un trozo de los libros que llevaba consigo. Euplio leyó: “Bienaventurados los que sufren persecución por la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos”. Después explicó: “Es la ley de mi Señor, tal y como me ha sido transmitida”.
Calviniano ordenó que Euplio fuera torturado, y durante el suplicio se le hizo el segundo interrogatorio y la invitación a retractarse de la confesión anterior: “Euplio se santiguó con la mano que le quedaba libre y contestó: ‘Lo que he confesado, lo sigo confesando: soy cristiano y leo las Sagradas Escrituras’”. Los verdugos continuaron martirizándolo, y él oraba: “Te doy gracias, oh Cristo; sálvame, porque sufro por ti”. El gobernador ordenó una pausa e hizo el último intento para convencer a Euplio a sacrificar a los dioses: “Desgraciado, adora a los dioses. Honra a Marte, a Apolo y a Esculapio”. Y Euplio contestó: “Yo adoro al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Yo adoro a la Santísima Trinidad. Fuera de él, no hay ningún otro Dios... Yo sacrifico, pero me ofrezco yo mismo como sacrificio a Cristo Dios, no tengo nada más para sacrificar; tus esfuerzos son vanos, yo soy cristiano”.
Euplio fue condenado a la decapitación: “Le colocaron en el cuello el Evangelio que llevaba cuando fue arrestado; delante de él un heraldo gritaba: ‘¡Euplio, cristiano, enemigo de los dioses y de los emperadores!’. Euplio, muy contento, repetía continuamente: ‘Gracias a Cristo Dios’. Apresuraba el paso como si fuera a una coronación. Cuando llegó al lugar del suplicio se arrodilló y oró largamente. Después presentó la cabeza al verdugo y fue decapitado. Más tarde algunos cristianos vinieron y se llevaron el cuerpo. Antes de enterrarlo, lo embalsamaron”.


Doce de agosto


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