Ponciano, de la antigua y noble familia de los Calpurni, fue elegido Papa en el año 230, durante el imperio del manso y sabio Alejandro Severo, cuya tolerancia en cuestión de religión permitió a la Iglesia organizarse. Pero precisamente en este paréntesis de paz se presentó en la Iglesia de Roma el primero y funesto rompimiento con el nombramiento de un antipapa, en la persona de ese Hipólito, que después un providencial martirio lo restituyó a la unidad y a la santidad. Hipólito, sacerdote, culto y austero, poco inclinado a la indulgencia y temeroso de que en toda reforma se ocultaba el error, había llegado a acusar de herejía al mismo pontífice san Ceferino y al diácono Calixto, y, cuando este último fue elegido papa en el 217, se rebeló, y aceptó ser él elegido inválidamente Papa por sus seguidores. Se mantuvo en el cisma aun durante el pontificado de san Urbano I y de san Ponciano. Mientras tanto el emperador Alejandro Severo fue asesinado en Alemania por sus mismos legionarios y le sucedió Maximino, que hizo revivir los edictos de persecución contra los cristianos. Encontrándose delante de una Iglesia con dos jefes, sin pensarlo dos veces, los mandó a ambos a trabajos forzados en una mina de Cerdeña. Ponciano es el primer Papa deportado. Era un hecho nuevo que se presentaba en la Iglesia, y Ponciano supo resolverlo con sabiduría y humildad: para que los cristianos no quedaran sin su pastor, renunció al pontificado y esta renuncia espontánea fue también un hecho nuevo. Le sucedió el griego Antero, que gobernó a la Iglesia sólo durante cuarenta días. El gesto generoso de Ponciano conmovió al intransigente Hipólito, que murió efectivamente reconciliado con la Iglesia en el 235. Según un epígrafe dictado por el papa Dámaso, Hipólito, aunque habiéndose obstinado en el cisma por un malentendido celo, en la hora de la prueba “cuando la espada rompía las vísceras de la madre Iglesia, mientras fiel a Cristo caminaba hacia el reino de los santos”, a los seguidores que le preguntaban a cuál pastor seguir señaló al legítimo Papa como único guía y “por esta profesión de fe mereció ser nuestro mártir”. Por otra parte, recientes estudios llevarían a distinguir tres diversos personajes: un Hipólito obispo y escritor, un Hipólito mártir romano y un tercero, autor de ensayos filosóficos, identificado con el antipapa contrapuesto a Calixto y a Ponciano. Más tarde fueron transportados a Roma los cuerpos de los dos mártires y enterrados, Hipólito a lo largo de la vía Tiburtina, y Ponciano en las catatumbas de san Calixto. |