La extraordinaria difusión del culto a san Roque en Europa, a partir del siglo XV, se debe a la protección del Santo contra el terrible flagelo de la peste. A la devoción popular hacia este Santo se oponen una cierta cronología poco segura y un perfil biográfico lleno de elementos legendarios. Un dato seguro parece el lugar de nacimiento: Montpellier, en Francia; y la época, el siglo XV. Según su primer biógrafo, que escribió después del 1430, Roque quedó huérfano siendo muy joven todavía, y entonces distribuyó todos sus bienes entre los pobres y partió en peregrinación a Roma. En Acquapendente se encontró con el trágico espectáculo de desolación producido por la peste. La prudencia humana le hubiera aconsejado alejarse del lugar, pero el buen samaritano antepuso la caridad a cualquier otra consideración, y se ofreció como voluntario a la asistencia de los apestados en el lugar en donde los recogían, y allí obró las primeras curaciones milagrosas. No continuó su camino directo a Roma, sino que iba de un lado a otro, según las necesidades más urgentes, llevado por su extraordinaria caridad. Donde aparecía un foco de peste, allí corría Roque. Así fue a Cesena y después a Roma, en donde curó entre otros a un Cardenal que después lo presentó al Papa. También en Roma sus itinerarios eran los de las obras de misericordia. Después emprendió el viaje de regreso y pasó por Rimini, Novara y Piacenza. En Piacenza se contagió. El repugnante bubón de la peste, que le apareció en una pierna, no lo dejó continuar su obra de ayuda a los enfermos que sufrían el mismo mal, y para no ser de peso a nadie salió de la ciudad y se fue a orillas del río Po, en un lugar desierto, para morir en soledad. A san Roque se lo representa con vestidos de peregrino y con un perro a su lado y que le presenta un pan. La representación se inspira en este momento de su vida, cuando, atacado por la peste y apartado en una choza, se habría muerto si un perro no le hubiera llevado todos los días un pan y si de la tierra no hubiera salido milagrosamente una fuente de agua para calmarle la sed. De este refugio fue llevado por el patricio Gottardo Pallastrelli, que lo hospedó en su propia casa hasta cuando fue curado completamente. Dejó a Piacenza y se dirigió hacia el norte, pero cerca del Lago Mayor, en Angera, fue confundido por un espía y encarcelado. Permaneció prisionero durante cinco largos años, y allí muríó abandonado y olvidado de todos. Otra versión sostiene que Roque regresó a su ciudad natal, Montpellier, en donde murió. |