Le gustaba definirse “un pobre párroco de provincia” y cuando alguien le decía “Santo Padre”, él corregía: “No Santo, sino Sarto”. El papa Sarto nació el 2 de junio de 1835 en Riese (Italia). Fue bautizado al día siguiente con el nombre de José Melchiorre. El padre, empleado municipal, murió dejando a la esposa Margarita Sanson con diez hijos por levantar. “Pepe”, el segundo de los hijos, quería interrumpir los estudios seminarísticos para ayudar a la familia. Pero la valiente madre lo exhortó para que continuara el camino que había emprendido. A los 23 años fue consagrado sacerdote, y durante 9 años fue coadjutor en Tombolo; después párroco en Salzano también 9 años; otros 9 años fue canónigo y director espiritual en Treviso; 9 años obispo de Mantua y 9 años cardenal patriarca de Venecia; luego fue papa durante 11 años, del 1903 al 1914. Murió el 20 de agosto de 1914, afligido por la guerra que ya se aproximaba sobre Europa. Desde la lejana Edad Media no se sentaba sobre la cátedra de Pedro un humilde hijo de campesinos. Su pontificado fue excepcionalmente fecundo por la organización interna de la Iglesia. Poco inclinado a las sutilezas diplomáticas, no cuidó las relaciones de la Iglesia con el poder político y sus actitudes intransigentes crearon roces con Rusia, los Estados Unidos (rechazo hasta la visita de Theodoro Roosevelt), Alemania, Portugal y Francia, de la que rechazó la ley de la separación entre Iglesia y Estado. El papa de la amabilidad se mostró particularmente hostil a cualquier apertura que se pudiera hacer pasar por aceptación del difundido “modernismo” aun dentro del clero. Su lema “instaurare omnia in Christo” se tradujo en vigilante atención a la vida interna de la Iglesia: promovió la renovación litúrgica, derribó las seculares barreras que separaban a la Curia romana de la práctica pastoral; codificó el derecho canónico, promovió la instrucción religiosa de los niños con el Catecismo, permitiéndoles la primera Comunión a muy joven edad. Dotado de equilibrio y discreción, de prudencia y de fuerza, a pesar de tener una concepción centralística de la manera de gobernar a la Iglesia, no se propuso sino ser “el siervo de todos” y su disponibilidad fue en realidad un hecho nuevo en los palacios vaticanos. El Papa véneto, sonriente y agudo, hablaba con todos, sin tener en cuenta las reglas del protocolo. Pobre entre los pobres, para ir desde Venecia hasta Roma al cónclave tuvo que sacar el dinero prestado para el pasaje en tren, de ida y regreso, pues estaba convencido que el Espíritu Santo no iba a cometer el “error” de sugerir al sagrado colegio cardenalicio su elección a Papa. Fue canonizado por Pío XII en l954. |