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23 DE AGOSTO
SANTA ROSA DE LIMA (Virgen )

Isabel Flórez y de Oliva, la primera santa del Nuevo Mundo, nació en Lima en 1586 de padres españoles, que se habían trasladado a la rica colonia de Perú. El nombre de Rosa fue un simple apodo que le puso la doméstica india, Mariana. La mujer, impresionada por la extraordinaria belleza de la niña, exclamó admirada: “¡Eres bella como una rosa!”, y desde ese día siguió llamándola Rosa en vez de Isabelita. Más tarde, cuando Isabel entró a la Tercera Orden dominica, quiso llamarse Rosa de Santa María, y con este nombre entró en la lista de los santos. Santa Rosa de Lima, la flor más hermosa de Perú, canonizada en 1671, es venerada como patrona no sólo de su patria, sino también de toda la América Latina y de las Islas Filipinas.
Lo que maravilla en la vida de esta Santa, que murió a los 31 años de edad, es su inconcebible deseo de sufrimiento. Un examen superficial de su personalidad podría hacer pensar en un deseo masoquista. Pero ese mundo, aparentemente infeliz, encierra en sí, como un barril lleno de buen vino, el secreto de la auténtica alegría. En Perú no había conventos, y, entonces, Isabel Flórez se impuso una regla de vida austera, según sus propios puntos de vista. Ella le decía a quien la animaba durante su dolorosísima enfermedad: “Si los hombres supieran lo que significa vivir en gracia no los asustaría ningún sufrimiento y soportarían con gusto cualquier sufrimiento porque la gracia es el fruto de la paciencia”. Después, no logrando explicar sus sentimientos, añadía: “Sólo puedo explicarme con el silencio. Las dulzuras y la felicidad que puede ofrecerme el mundo son sólo una sombra respecto de lo que siento”. Pero admitía: “No sabía que una criatura pudiera ser atacada con tantos sufrimientos. Dios mío, puedes aumentarlos, con tal que aumente mi amor por ti”.
Caída en la miseria con su familia, se ganó la vida con el duro trabajo de sus propias manos. Se dedicaba a coser hasta altas horas de la noche. A los veinte años, rechazó un buen partido matrimonial, pidió y obtuvo hacer los votos religiosos en casa, como terciaria dominica. En el huerto de su casa construyó una celdita. La cama era un poco de rastrojos. Se colocó en la cintura un doloroso cilicio, martirizando su cuerpo con duras penitencias. Cuando quedó sola y enferma, fue recibida por los esposos Maza en 1614. Sabía que le quedaba poco tiempo de vida, inclusive conocía el día de su muerte: todos los años en la fiesta de san Bartolomé pasaba todo el tiempo en oración: “Este es el día de mis bodas eternas” decía. Murió, efectivamente, el 24 de agosto de 1617.


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