En las cuatro listas de los apóstoles se le presenta con el nombre de Bartolomé, Bar Tholmai, hijo de Tholmai (en hebreo Tholmai quiere decir arado o agricultor). San Juan no le dice Bartolomé sino Natanael, y por eso los estudiosos concuerdan en llamarlo Bartolomé-Natanael. El apóstol Felipe es el que le presenta al Mesías: “Hemos encontrado a Aquel de quien escribió Moisés en la Ley y los Profetas, a Jesús de Nazaret”. “¿De Nazaret? —replica Natanael— ¿Puede salir algo bueno de Nazaret?”. Natanael era de Caná, que dista 14 kilómetros de Nazaret, y es proverbial la poca estimación que hay entre los pueblos vecinos. Pero el Maestro puso pronto un puente entre él y el joven de Caná: “He aquí un verdadero israelita en quien no hay engaño”. Al escuchar esa alabanza, Natanael manifestó su sorpresa: “¿Cómo me conoces? Y Jesús le contestó: antes que Felipe te llamara, yo te había visto debajo de la higuera”. ¿Qué había sucedido debajo de la higuera? ¿Será un secreto entre el apóstol y el Mesías? Después de ese breve coloquio Bartolomé-Natanael manifestó su adhesión incondicional a Cristo: “Maestro, ¡tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel!”. Y Jesús: “Tú crees porque te he dicho: te he visto debajo de la higuera. Verás cosas mayores”. En efecto, Natanael-Bartolomé vio prodigios obrados por el Maestro, escuchó su mensaje, asistió a la Pasión y a la glorificación del Mesías, después fue predicador de la Buena noticia, aceptando con el mismo entusiasmo las consecuencias de un testimonio tan empeñativo y comprometedor. De su actividad apostólica no tenemos noticias seguras. Las lecciones del Breviario romano se basan en una antigua tradición armena: “El apóstol Bartolomé, que era de Galilea, se dirigió a India que le había tocado en suerte para la evangelización cuando se distribuyeron el mundo. Predicó a esos pueblos la verdad del Señor Jesús según el Evangelio de san Mateo. Después de haber convertido a muchos a Cristo en esa región, soportando no pocas fatigas y venciendo muchas dificultades, pasó a Armenia mayor... en donde llevó a la fe cristiana al rey Polimio y a su esposa, y también a doce ciudades; pero estas conversiones suscitaron fuertemente la envidia de los sacerdotes locales, a los que logró azuzar de tal manera el hermano del rey Polimio, Astiage, que dio la orden cruel de despellejar a Bartolomé y después decapitarlo”.
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