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26 DE AGOSTO

SAN LUIS DE FRANCIA (Rey)


Prefería firmar “Luis de Poissy”, es decir, con el nombre del lugar en donde fue bautizado, afirmando que la dignidad más alta la había recibido allí. Los otros honores no le importaban nada, pero como su pueblo le había colocado en la cabeza la corona de Rey, cuando sólo tenía doce años, quiso desempeñar el oficio de Rey con escrupulosa perfección, juntando dos cosas que a los comunes mortales como nosotros nos parecen inconciliables: ascética y poder. Debajo de las vestiduras de seda llevaba el cilicio de la penitencia. Muchos consideraban exagerado el tiempo que el Rey dedicaba a la oración. “Es raro —comentaba el joven soberano— que se considere como un crimen mi devoción, y no digan una palabra de reproche si todo ese tiempo lo empleara yo en la caza, o en el juego”.
Había nacido en 1214. Su madre, la virtuosa Blanca de Castilla, regente de Francia mientras Luis era de menor edad, le había dado una sólida formación cristiana. Monarca pacifista, tuvo que empuñar varias veces las armas, primero contra los ingleses a los que derrotó, y luego contra los propios vasallos rebeldes a quienes sometió. De varias partes, inclusive de Roma, recibía interesados consejos para que le declarara la guerra al emperador Federico II; pero el sabio Rey no se dejó convencer. Por el contrario, hizo de mediador entre el Papa y el Emperador y logró que se arreglara el desacuerdo. En cambio, se dedicó con mucha energía a la renovación de la justicia, y a la economía de su país.
Su método de aplicar justicia fue ejemplar: “Si un pobre —repetía a sus hijos— se ve envuelto en una acción judicial contra un rico, apoya la causa del pobre hasta cuando no se esclarezca la verdad”. Fundó hospitales, hospicios, escuelas, apoyó a la universidad de la Sorbona, dando a Francia el primado de la cultura europea; apoyó también a las Ordenes mendicantes. Luego, siguiendo el ideal religioso que se había propuesto, emprendió una cruzada para liberar los lugares santos. En 1249 conquistó a Damietta, pero al año siguiente cayó prisionero de los egipcios en la batalla de Mansourath. Su ejército había quedado diezmado por la peste y el hambre. Por su rescate se pagó una gran suma, y su fracaso le costó una sublevación general de los que le eran hostiles en Francia. Luis, cambiando la expedición militar en peregrinación, permaneció cuatro años en Tierrasanta. Después de su regreso a la patria, organizó una segunda expedición, partiendo esta vez por el lado opuesto, por Tunisia. Víctima de la peste, murió cerca de Túnez, el 25 de agosto de 1270. Veintisiete años después fue elevado al honor de los altares. Una de sus hermanas, Isabel, es venerada como Beata.


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