Cuando san Pedro Nolasco, el 10 de agosto de 1218, comenzaba la Orden de las Mercedes para la redención de los esclavos, con un rito solemne en presencia del rey en la catedral de Barcelona, de la que era canónigo el amigo y consejero san Raimundo de Peñafort, entre los fieles había un joven de 18 años, Ramón, llamado Nonato, porque había sido sacado del cuerpo de la madre muerta durante el parto. Cuatro años después entraba a esa Orden. Ramón Nonato nació en 1200 en Portell, cerca de Barcelona, de familia noble. A los 24 años vistió el hábito de los Mercedarios y, siguiendo el ejemplo del fundador, se dedicó a la liberación y a la predicación entre los esclavos de la España ocupada por los Moros. Viajó a Roma, regresó a España y luego emprendió viaje hacia Argelia, haciéndose esclavo entre los esclavos para mantener viva entre ellos la llama de la fe con la palabra y con el ejemplo de caridad efectiva. El gesto de Ramón Nonato de ofrecerse esclavo para obtener la libertad de un infeliz puede parecer el punto natural de llegada de la heroica caridad de un santo, que vive el Evangelio integralmente. Ramón, retenido varios meses como rehén y sometido a muchos y crueles tormentos, hizo ese gesto no sólo para libertar a un cristiano cuya fe vacilaba peligrosamente, sino sobre todo para resanar en la raíz el mal de la esclavitud, predicando el Evangelio entre los mismos musulmanes. Repitió así el conmovedor y no inútil intento realizado pocos años antes por san Francisco de Asís. Pero Ramón encontró oyentes menos condescendientes: para impedirle que predicara el Evangelio, sus perseguidores llegaron al punto de perforarle los labios con un hierro ardiente y cerrárselos con un candado; pero él logró seguir exhortando a los cristianos, caídos en la esclavitud, a perseverar en la fe, y a predicar entre los infieles el amor fraterno. El papa Gregorio IX quiso rendirle público homenaje por tanta virtud confiriéndole en 1239, tan pronto fue liberado, la dignidad cardenalicia y llamándolo a Roma como consejero. Cuando se puso en viaje para obedecer la invitación del Papa, se enfermó gravemente y murió el 31 de agosto de 1240 en Cardona, que pronto se transformó en meta de peregrinaciones. El papa Alejandro VII lo incluyó en el Martirologio Romano en 1657. Por su difícil nacimiento del seno materno se lo invoca como protector de las parturientas y de las parteras. |