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5 DE AGOSTO

DEDICACION DE LA BASILICA DE SANTA MARIA MAYOR


Monumentos de piedad mariana, en Roma, son esas estupendas iglesias, construidas en gran parte sobre el mismo lugar en donde antes había algún templo pagano. Baste citar pocos nombres, entre el centenar de títulos dedicados a la Virgen, para comprender el místico homenaje a la Madre de Dios: Santa María Antigua, sobre el Atrium Minervae en el Foro Romano; Santa María de Aracoeli, en la cima del Capitolio desde donde, según la leyenda, la Sibila le reveló a Augusto la inminente llegada del Hijo de Dios (“ecce ara primogeniti Dei”); Santa María de los Mártires del Panteón; Santa María de los Angeles, en las Termas de Diocleciano; Santa María sobre Minerva, construida sobre las ruinas del templo de Minerva Calcídica; y la más grande de todas, como lo dice su nombre, Santa María Mayor, la cuarta de las basílicas patriarcales de Roma, llamada al principio Liberiana, porque era identificada con un antiguo templo pagano, en la cima del monte Esquilino, que el papa Liberio (352-366) adaptó para basílica cristiana.
Narra una leyenda que la Virgen se apareció en la noche del 5 de agosto del 352 al papa Liberio y a un patricio romano, y los invitó a construir una iglesia en el lugar en donde encontraran nieve (agosto en Roma es un mes de mucho calor). El 6 de agosto por la mañana se encontró una prodigiosa nieve que cubría el área exacta del edificio, y esto habría confirmado la visión. Entonces el Papa y el rico patricio pusieron manos a la obra de la construcción del primer gran santuario mariano, que se llamó de Santa María “ad nives”, de las nieves. Un siglo después el papa Sixto III, para recordar la celebración del Concilio de Efeso (431) en el que había sido proclamada la maternidad divina de María, reconstruyó la iglesia que es la actual basílica, en cuanto a sus dimensiones.
De esta obra quedan las naves con las columnas y los 36 mosaicos que adornan la nave superior. A la obra de la actual basílica contribuyeron varios pontífices, desde Sixto III que pudo ofrecer “al pueblo de Dios” el monumento “mayor” al culto de la Virgen María (a la que rendimos precisamente un culto de hiperdulía, es decir, de veneración superior a la que les rendimos a los demás santos), hasta los papas de nuestra época. Esta basílica también recibió el nombre de Santa María “ad praesepe” desde antes del siglo VI, cuando llevaron allí unas tablas de un antiguo pesebre que la devoción popular identificó con las tablas de la gruta de Belén. La celebración litúrgica de la dedicación de la basílica entró en el calendario romano sólo en el año 1568.


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