Contemporáneo de Lutero, Cayetano de Thiene (que nació en 1480, tres años antes del reformador alemán) era uno de los que más imploraban una reforma de vida y de costumbres dentro de la Iglesia. Repetía a menudo: “Cristo espera, ninguno se mueve”. Nació en Vicenza de la noble familia de los Thiene; fue secretario particular del papa Julio II, y protonotario apostólico. Como “escritor de las cartas apostólicas” pudo conocer de cerca cardenales y prelados que gozaban la vida. Pero su respuesta fue una humilde adhesión a la invitación evangélica para liberarse de todo lo que le impidiera ver bien, antes de ir contra las faltas de los demás. Celebró la primera misa a los 36 años y consideró una “gran soberbia” haber subido al altar. Se inscribió en la pía asociación del Divino Amor, e hizo su primera experiencia pastoral en la parroquia de Santa María de Malo, cerca de Vicenza; después se dedicó al cuidado de los santuarios esparcidos por el monte Soratte. Regresó nuevamente a Roma en compañía del obispo Giampietro Carafa y de Bonifacio Colli y Pablo Consiglieri. No predicó la reforma: prefirió llevarla a cabo. Fundó la “Ordo Regularium Theatinorum”, es decir, la Congregación de los Teatinos (el nombre de padres Teatinos que se da a los miembros de esta Congregación viene de Chieti, la Teate Marrucinorum de los latinos, uno de los episcopados de Giampietro Carafa), que tenía como finalidad principal la renovación del clero. Era el 1524. Ese mismo año el papa Clemente VII aprobaba la Congregación; Cayetano renunció a todos sus bienes y Carafa a los dos episcopados de Brindis y de Chieti para dedicarse totalmente a la vida común. La idea de la fundación era de Cayetano de Thiene, pero, humilde como era, se mantuvo aparte. Carafa fue el primer superior general. Los seguidores del Santo fundador no eran muchos: al principio la Congregación no tenía sino cuatro miembros; cuatro años después tenía doce. Pero era como el puñado de levadura destinada a fermentar toda la masa. Ocho años después de la muerte de Cayetano, acaecida en Nápoles en 1547, el teatino Carafa fue elegido Papa, con el nombre de Pablo IV, un auténtico reformador. Cayetano, canonizado en 1671, al contrario de Lutero, realizó su reforma de abajo hacia arriba: se dedicó al apostolado entre los pobres y marginados; para liberar de la miseria instituyó “los montes de Piedad”, abrió hospicios para ancianos y fundó hospitales. A los venecianos que lo reclamaban para su ciudad, les dijo: “Dios está en Nápoles como en Venecia”. Se quedó en Nápoles en donde había más trabajo. Allí murió, como consecuencia del agotamiento, a la edad de sesenta y siete años. En este mismo día se conmemora a los santos Sixto II (Cf. 3 de abril, que juntamos con Sixto I y III) y compañeros. |