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Beato P. Santiago Alberione


Biografia Beato Alberione


Santiago Alberione nació el 4 de abril de 1884, en un pueblecito del Piamonte italiano -San Lorenzo de Fossano-, en el seno de una familia que vivía del duro trabajo del campo. Era el quinto hijo de Miguel Alberione y Teresa Alocco, quienes, desde el principio, temieron por la vida del pequeño Santiago.


Siendo aún pequeño manifestó una vocación singular. Tenía apenas ocho años cuando, con mucha decisión, respondió a la maestra que preguntaba a los alumnos qué pensaban hacer cuando grandes: "Quiero ser sacerdote". Ella lo animó y ayudó mucho. Era la primera luz clara.


Desde entonces todo se orientó a este fin: el estudio, la oración, los pensamientos, el comportamiento y hasta los recreos.


Después de una repentina salida del Seminario de Bra, ingresó al de Alba, en cuya catedral lo encontramos en adoración ante Jesús Eucaristía la noche del 31 diciembre de 1900 al 1º de enero de 1901. Allí ante el Santísimo, el joven seminarista recibía gran manifestación del Espíritu, que lo impulsaba a "hacer algo por los hombres del nuevo siglo". Él mismo lo cuenta con estas palabras:


"De la Hostia vino una luz especial: mayor comprensión de la invitación de Jesús: 'Venid a mí, todos...' (Mt 11, 28). Le pareció comprender el corazón del gran Papa, las invitaciones de la Iglesia, la verdadera misión del sacerdote. Le pareció claro... el deber de ser apóstoles hoy, usando los medios utilizados por los adversarios. Se sintió profundamente obligado a prepararse para hacer algo por el Señor y por los hombres del nuevo siglo, con quienes habría de vivir".


En camino

Pasó el tiempo, y en junio de 1907, a los veintitrés años, el obispo de Alba lo ordena sacerdote, destinándolo inmediatamente al ministerio parroquial que lo iba a marcar para siempre. Al año siguiente obtuvo el doctorado en teología y fue llamado por el obispo a la dirección espiritual de los jóvenes seminaristas. Al mismo tiempo desempeñaba los cargos de bibliotecario, maestro de ceremonias, profesor de liturgia, de arte y religión, director de los terciarios dominicos de la diócesis, miembro de la asociación de la Buena Prensa, conferencista de la Doctrina Social de la Iglesia, predicador asiduo, etc.


Sin embargo, en ninguno de estos cargos se sentía totalmente realizado. Llevaba dentro de sí un fuego devorador que lo llamaba a nuevos y más grandes desafíos. Soñaba verse rodeado de jóvenes dispuestos a seguirlo en una ardua aventura apostólica. Al principio pensaba en "una organización católica de escritores, técnicos, libreros, distribuidores católicos... Pero pronto, con una mayor luz, dio un paso definitivo: escritores, técnicos, propagandistas, sí; pero religiosos y religiosas".


En 1913 se producía un hecho sencillo en sí, pero que marcaría radicalmente la orientación de su vida: fue nombrado director del periódico diocesano "La Gazzetta d'Alba", comprendiendo inmediatamente que esa era su misión. Un año más tarde obtuvo la propiedad del periódico, y algunos meses después el obispo le dio autorización para adquirir una pequeña imprenta donde pudiera editar él mismo el semanario.


De esta manera, en un pequeño local alquilado, nacía la Escuela Tipográfica "Pequeño Obrero", que más tarde llegaría a ser la Sociedad de San Pablo, para el apostolado de la buena prensa.


En 1915, agregó a este primer grupo la rama femenina de las Hijas de San Pablo, con la misma finalidad. Con ellas creó el "Taller femenino", donde se impartía la enseñanza de los trabajos femeninos, la formación de catequistas y se sostenía una pequeña librería donde se distribuían las ediciones de la "Escuela Tipográfica".


En 1917 dio comienzo al grupo de Cooperadores , personas de toda condición social, que viven en el mundo los mismos ideales apostólicos y espirituales de las congregaciones paulinas.


La comunidad crecía de mes en mes. Pero crecían también los problemas, y pronto necesitó la ayuda de buenos colaboradores. Se destaca entre ellos el clérigo Giaccardo, que sería el primer sacerdote paulino y que siempre lo ayudó en la actividad formativa de los jóvenes, asistiéndolos y viviendo permanentemente con ellos.


Poco después lanzó una campaña de promoción de La Gazzetta d'Alba, con la consigna: "El periódico católico en cada familia", lo que le granjeó diversas amenazas de muerte y una fuerte oposición incluso por parte del clero albés, que veía cómo varios jóvenes abandonaban el seminario para unirse a la pequeña familia alberoniana.


Iniciativas sin fin

Dedicado por completo a su obra, vio crecer extraordinariamente el número de seguidores, así como la maquinaria para "el apostolado de la buena prensa".


El ritmo de trabajo incrementó la publicación de libros, revistas y boletines. Por aquellos años (1921-1933), comenzó a publicar sobre todo un gran número de revistas dirigidas a diversos tipos de público: niños, adolescentes, familias, sacerdotes... En ellas se trataban temas de catequesis popular, literatura infantil, animación cristiana del tiempo libre, comentarios litúrgicos, temas marianos de corte popular, etc Familia Cristiana, fundada en 1931, es hoy una de las revistas católicas más difundidas de Europa, con 700.000 ejemplares semanales.


Semejante ritmo de vida parecía imposible que pudiera mantenerse por mucho tiempo. Efectivamente, en junio de 1923 una violenta tisis lo obligó a guardar cama, mientras los médicos le concedían, a lo sumo, un año y medio de vida. Durante algunas semanas se retiró a una casa cedida por un párroco amigo. Allí redactó las primeras Constituciones de la Sociedad de San Pablo, pero también allí se recuperó milagrosamente, cobrando una vitalidad sorprendente. Él mismo atribuyó su curación a la intercesión de san Pablo. En 1938 contaba a sus hijos:


"...En el sueño que tuvo después, le pareció tener una respuesta (a sus dudas y preocupaciones). Jesús Maestro, en efecto, decía: ‘No temáis, yo estoy con vosotros. Desde aquí quiero iluminar. Vivid en continua conversión’. "Cuando desperté, me encontré curado".


En su mente siempre estuvo clara la idea de que la misión propia de los paulinos era el apostolado de la prensa, que por entonces era el medio más eficaz.


Pero había que aprovechar todos los medios más rápidos y eficaces. Por eso, a medida que se fueron desarrollando el cine, la radio, la televisión, los discos..., los fue asumiendo con la mayor naturalidad para ponerlos al servicio del evangelio y del hombre.


Pero pronto se dio cuenta de que el apostolado necesitaba afianzarse con la oración y con una fuerte espiritualidad. De esta convicción nació en 1924 la congregación de las Pías Discípulas del Divino Maestro, que constituyen el "motor espiritual" de la Familia Paulina, a la que alimentan con la adoración permanente a Jesús Eucarístico y el servicio sacerdotal litúrgico.


A partir de 1925, la obra del padre Alberione comenzó su expansión por otras ciudades de Italia. La primera meta fue Roma, "a dos pasos del Papa", como él decía; a esta fundación, a cargo del P. Giaccardo, siguieron otras muchas.


En 1931, el p. Alberione creyó llegada la hora de Dios para lanzarse, con plenitud de vida, a una empresa más amplia y audaz: sus hijos comienzan a desparramarse por el mundo y a realizar una serie de fundaciones que bien podríamos llamar temerarias: sin preparación de ninguna clase, sin conocer los idiomas, sin dinero... aquellos primeros paulinos afrontaban dificultades de todo género con la humildad de los santos, la visión de los genios y la audacia de los locos.


Tanta vitalidad sólo se puede explicar con aquella frase escuchada en el sueño o visión: "Desde aquí (desde el sagrario) quiero iluminar". El padre Alberione no hacía sino reflejar la luz de Cristo sobre el ancho mundo.


Pero la Familia Paulina debía seguir creciendo. Existían ya tres congregaciones (Sociedad de San Pablo, Hijas de San Pablo, y Pías Discípulas del Divino Maestro), pero debían nacer otras ramas que completasen el gran "árbol" que el Espíritu quería plantar en la Iglesia del siglo XX. Así, en 1938 el Fundador hizo realidad una intuición que había tenido en mente durante su ministerio parroquial, fundando a las Hermanas de Jesús Buen Pastor (Pastorcitas), para la animación de las comunidades parroquiales al lado de los sacerdotes. Más tarde, en 1957, pudo concretar su preocupación por las vocaciones al fundar las Hermanas de la Reina de los Apóstoles (Apostolinas), dedicadas precisamente a orientar vocacionalmente a los jóvenes. En 1960 obtuvo de la Santa Sede la aprobación de cuatro Institutos seculares: Jesús Sacerdote, formado por sacerdotes diocesanos y obispos; San Gabriel Arcángel, formado por seglares que trabajan en el ambiente secular ampliando el campo de la misión paulina; Virgen de la Anunciación, rama femenina del anterior; y Santa Familia, constituido por casados que consagran su matrimonio.


Todas estas ramas, aunque independientes entre sí, forman una única familia: la Familia Paulina, unida por el mismo ideal, que consiste en "vivir y hacer que se viva de Jesucristo Maestro, Camino, Verdad y Vida, según el espíritu de San Pablo, bajo la mirada de la Reina de los Apóstoles".


Hacia la meta

En 1962 participó en el Concilio Vaticano II, recibiendo con infinito gozo la "canonización" del carisma que él había puesto ya al servicio de la Iglesia: la evangelización con los medios de comunicación social. El decreto Inter mirifica, dedicado a estos medios, afirmaba que su uso pertenece al ministerio ordinario de la predicación de la Iglesia. Fue esta la mayor satisfacción de su vida, que lo compensaba de tantas fatigas, padecimientos, incomprensiones y obstáculos.


Pocos meses después (el 2 de julio de 1971), cuando contaba ochenta y siete años, su salud, ya precaria, sufrió un ataque decisivo. El 22 de noviembre lo sorprendió un catarro bronquial, que pronto se agravó de manera alarmante. El 25 del mismo mes se le declaró una grave bronconeumonía. Su vida se estaba extinguiendo.


Ya próximo a su fin, susurró: "Me muero... Paraíso". Y una hora más tarde: "Rezo por todos... Ave, María...". Fueron sus últimas palabras. Pablo VI quiso confortarlo con su presencia en el lecho de muerte. Una hora más tarde, entregaba su alma a Dios. Era el 26 de noviembre de 1971.

J. L. DOMÍNGUEZ


AQUÍ... SITIO OFICIAL DEL BEATO ALBERIONE




 
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