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La libertad no consiste en hacer lo que se quiere, sino en hacer lo que se debe.

LIBERTAD






"He soñado con el día en que pueda ser indepen­diente, tener cosas mías, así como tú mismo lo hiciste".



Libertad o libertinaje... es un tema profundo, tal vez de la filosofía. Me inquieta "mi libertad"... deseo ser libre, sí... es cierto... deseo salir a fiestas... manejar mi tiempo, decidir por mí mismo cuáles son mis amigos, tener independencia. Soy consciente: tengo miedo de manejar esa libertad.

Es verdad que quisiera caminar solo ahora ese ca­mino que seguramente tú recorriste... es el deseo am­biguo... claro, de ser libre y de no serlo.

Pero si no llegamos a un consenso en las salidas, al menos quiero que medites.

Ser libre: volar con mis propias alas, poder manejar mí tiempo, disponer de mis gastos.

He soñado con el día en que pueda ser indepen­diente, tener cosas mías, así como tú mismo lo hiciste. No tener que someterme al tribunal tuyo para una "salidita" a una reunión con mis amigos. No pienses siempre en lo peor cuando me dejas sa­lir a una fiesta, no seas dramático ni tan pesimista. Es cierto que la situación de seguridad en las calles es crí­tica. Es verdad que en la noche se aumentan las posi­bilidades de atracos y accidentes, pero no creas que tiene que ser a mí a quien le va pasar el primero.

Poco a poco iremos aprendiendo ambos eso de manejar la libertad, porque es cierto que tengo que aprender a hacerlo, pero si no empiezo ahora, ¿cuán­do?

Lo que para mí también significa libertad es:

Ser yo mismo, encontrarme, tener la oportunidad de ensayarme... estoy empezando a ensayar, por ejem­plo, mi firma, distinta a la tuya... temo copiártela. Por­que estoy en aquello de lograr mi propia personalidad y, hasta en los detalles más pequeños, tengo que lo­grarlo. Al final será bueno para ambos. Algún día po­drás hablar con alguien, aunque sea tu hijo, que te aporte ideas o que te escuche, porque supo mantener­te a la distancia prudente para consolidarse como una persona nueva.

No deseo ser tu otro yo. Es posible que no quieras eso, pero al tratar de darme tus consejos, de buena in­tención, estarás llevándome a parecerme a ti. Con lo físico basta. Obvio que muchos rasgos de tu carácter irán conmigo como buena herencia atávica.

Y tomar un poco de distancia nos permitirá a ambos mirarnos con algo de objetividad, sin perder el cariño propio entre un padre y un hijo.

Porque quiero ser yo, un nuevo ser, salido de tu es­tirpe y distinto.

Aun aquí, en la casa, deseo sentirme libre. Tener mis espacios: que mi cuarto realmente me pertenezca.

Que tenga absoluta tranquilidad, que no entrarás sin pedirme permiso. Sí... tengo muy claro que la casa te pertenece: trabajaste mucho para comprarla... tam­bién yo la valoro..., pero, por favor, respeta mis espa­cios.

Te lo explicaré brevemente:

Mi cuarto es un lugar sagrado para mí. Allí tengo la certeza de que estoy conmigo mismo. Que puedo de­dicar mi tiempo para pensar, meditar o fantasear. Que puedo tener mi espacio a "solas" para bailar solo, mi­rarme al espejo, hablar conmigo mismo o dormir. Allí estaré empezando a independizarme. Cuando me pidas permiso para entrar, me estarás diciendo que me respetas como persona, que no pasas por encima de mí.

No me gustaría que impusieras tu voluntad como otros padres que dicen autoritariamente: "Esta es mi casa", y "aquí mando yo"; por favor, si lo hicieras sen­tiría que no es mi casa. Me sentiría humillado y un ex­traño dentro de los míos.

Hay otras maneras de ganarse el respeto, sin piso­tearme ni rebajarme: recuerda que soy tu hijo y de na­die más puedo esperar cariño y buen trato.

No husmees los cajones de mis armarios... tengo cosas tal vez insignificantes... pero de las cuales quie­ro tener la certeza de que sólo las conozco yo. Como si fuera el pedazo externo de mi corazón y mis senti­mientos... aquel espacio en el cual sólo yo decido quién entra y quién no. No ingreses a él sin mi permi­so... no sabes cuánto dolor me causará si lo haces. Eso también será para mí sentirme libre.

No es un desbordamiento... no deseo perderme... créeme, aunque todo esto pase por mi mente soy un ser inteligente y digno de su padre.

No te pido libertad porque quiero llegar a la anar­quía, o al desorden; sé que eso en el fondo es una de­pendencia. Conozco muchachos que son esclavos del vicio y del desenfreno. Tengo metas altas y elevadas, quiero tener la libertad para escalarlas.

Me gusta hablar con mis amigos y saber que no merodeas como un policía que está al acecho de algo delictivo.

¿Que me estás cuidando? Lo entiendo. Pero entien­de que si me cuidas así, nunca aprenderé a manejar mi libertad. Me crearás una dependencia de ti tan pe­ligrosa que cuando no estés, seré tan inútil y tan inca­paz que me haré vulnerable a cualquier seducción per­niciosa que algún extraño pueda hacerme.         

Sentirme libre, además, es tener la tranquilidad en mi mente y mi conciencia de no usufructuar tus bienes inmerecidamente. Reflexiona padre, que cada vez que dices que yo vivo sin privaciones, en medio de la paz, el calor y la abundancia gracias a tu trabajo, experi­mento una honda sensación de culpa que reduce la in­mensa gratitud que siento por tus esfuerzos hacia no­sotros, aunque no te lo exprese con frecuencia.

Convirtamos el hecho de recibir beneficios de tu parte en una oportunidad saludable para darle gracias a Dios por contar con el don divino de la paternidad y el amor filial. Comprendo, créeme, tu gran acto de amor a través de las cosas materiales que también simbolizan tu afecto hacia nosotros.


Tomado de: PAPÁ: ACÉRCATE SOY ADOLECENTE- ÓSCAR SUÁREZ

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