El 30 de junio de 1917 fue aprobada en Alba la Unión Cooperadores Paulinos, compuesta de sacerdotes y laicos deseosos de apoyar las instituciones paulinas. Los Cooperadores no emiten votos religiosos, pero imitan la vida consagrada paulina viviendo la pobreza, con el despego de los bienes de la tierra, en sentido evangélico; la castidad, observando la pureza de costumbres de acuerdo con su propio estado; y la obediencia con respecto a la autoridad religiosa, civil y doméstica.
La colaboración con la Familia Paulina puede ser espiritual, apostólica y económica. En ella se integran como especialistas y expertos en los diversos campos de la cultura, la técnica y el arte, como autores o colaboradores. Sostienen económicamente proyectos e iniciativas. Promueven la orientación vocacional y apoyan a los aspirantes durante la etapa de formación intelectual y religiosa. «Necesitamos cooperadores, personas que trabajen a nuestro lado... San Pablo, en la Carta a los Romanos, escrita desde Corinto, saluda nada menos que a veinticuatro personas que le habían ayudado en el apostolado» (P. Alberione).