Entró a la Tercera Orden Franciscana, y en 1291 profesó como religiosa y fue en peregrinación a Asís. Esta peregrinación dejó una huella profunda en su alma, y durante ella tuvo desconcertantes y maravillosas experiencias místicas, de las que fue testigo su pariente y confesor, el B. Arnaldo de Foligno.
Más tarde, queriendo escribir un libro en “treinta pasos”, Ángela dictó cuanto sucedía en su alma, desde el momento de la conversión hasta 1296, cuando las manifestaciones místicas se hicieron menos frecuentes para dar campo a nuevas manifestaciones espirituales, sobre todo lo relativo a la “maternidad espiritual”.
A las almas deseosas de perfección les enviaba muchas cartas y redactó también las Instrucciones salutíferas. La pobreza, la humildad, la caridad, la paz, eran sus temas preferidos: “El sumo bien del alma es paz verdadera y perfecta... Quien quiera, pues, el perfecto descanso, trate de amar a Dios con todo el corazón, para que en ese corazón viva Dios, que es el único que da y puede dar la paz”. La “magistra theologorum” murió en Foligno en 1309. |