El siglo tercero se caracterizó por un gran progreso y expansión de la Iglesia, desde Asia Menor hasta Galia e Italia, en donde el papa Cornelio pudo presidir un sínodo de sesenta obispos en el 251. Durante el gobierno de Claudio II (268-70) no parece haya habido alguna persecución contra los cristianos, a pesar de que varios Martirologios colocan en estos dos años el martirio de los santos Mario, Marta, Audifaz y Abaco.
Según la leyenda eran familiares: Mario y Marta, esposos; Audifaz y Abaco, hijos. Se narra que los cuatro fueron de Persia, su patria, a Roma en peregrinación para venerar las tumbas de los mártires. La comunidad de Roma sufría en esos días una cruel persecución. Mario, con la ayuda de sus familiares y el sacerdote Juan, pudo honrar a 260 mártires, cuyos cuerpos decapitados permanecían en el campo expuestos a las inclemencias del tiempo, y les dio cristiana sepultura.
Los sorprendieron mientras estaban haciendo esta buena obra, los llevaron ante el tribunal y fueron interrogados por el prefecto Flaviano y por el gobernador Marciano. Con lisonjas y amenazas trataron de hacerlos sacrificar a los ídolos. Este particular hace suponer que La fecha de su martirio debe colocarse durante el imperio de Decio, que sucedió a Felipe el árabe en el 249.
Decio había ordenado que los que eran sospechosos de cristianismo hicieran un acto de adhesión al culto pagano, adorando la estatua del emperador o quemando un grano de incienso ante la estatua de un dios. El que no lo hiciera sería condenado a muerte. Mario y sus compañeros no aceptaron y fueron condenados a ser decapitados. La matrona Felicidad les dio sepultura en un campo de su propiedad, en donde después fue construida una iglesia, meta de muchas peregrinaciones durante la Edad Media.
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