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2. El canon de la Biblia

2.1. ¿Qué es el “canon” de la Biblia?

La palabra “canon” viene del griego y encierra el sentido de una caña recta que sirbe para sostener derecha alguna cosa. Ya en contexto bíblico correspondería a una “regla de fe” para determinar una cosa como verdadera o falsa. Es decir, el canon de la Biblia es el catálogo o lista de los libros inspirados por Dios, que precisamente por eso se llaman “libros canónicos”. El canon define los límites entre lo que es revelado por Dios y lo que no lo es, entre lo que es divino y lo que es solamente humano; garantiza que un libro sea inspirado por Dios y consecuentemente haga parte de la Biblia.

2.2. ¿Qué relación existe entre la Iglesia y el canon?

La Iglesia, siendo depositaria del poder de Jesús, a través de los concilios ecuménicos, ha llegado a establecer el canon, determinando cuales libros son “canónicos” y cuales no (que son llamados “apócrifos”, o sea, los no inspirados). Así, pues, la lista de los 73 libros que conforman la Biblia es fruto de un discernimiento, inspirado por Dios, hecho por la Iglesia, que tiene la facultad de decir si un libro es inspirado o no.

Podemos decir que sólo la Iglesia católica tiene este poder de decir la verdad sobre la Biblia por dos motivos:

1) Porque la Biblia, como Palabra de Dios escrita, es fruto de la predicación de la misma Iglesia: fue la primera comunidad cristiana la que empezó a poner por escrito su predicación sobre la vida y enseñanza de Jesús (todo el NT). Y corresponde lógicamente a ella la justa interpretación de lo que se escribió.

2) Porque Jesús entregó a Pedro “el poder de la llaves de su Reino” (Cf. Mt 16, 19). Por lo tanto, el sucesor de Pedro, en comunión con los sucesores de los apóstoles, tiene el poder de discernir la verdad, movido por el Espíritu Santo.

Es verdad que todo cristiano tiene el Espíritu de Dios, pero para discernir la verdad debe estar en comunión con el Sumo Pontífice y con los obispos, como lo reconocía san Agustín cuando afirmaba: “No creería en el Evangelio si no fuera por la autoridad de la Iglesia católica que me lo ordena…”.

2.3. ¿Cuándo fue establecido el canon de la Biblia?

Desde los primeros tiempos del cristianismos la Iglesia católica consideró unos como “canónicos” (= inspirados) y rechazó otros por no inspirados (= apócrifos).

Las primeras decisiones de la Iglesia en relación con el canon de la Biblia se dieron en el Concilio de Hipona (África), en el año 393. La última definición del canon católico fue en el concilio de Trento, en el año 1546.

2.4. ¿Qué criterios sigue la Iglesia para definir si un libro es canónico o no?

Algunos criterios que ayudaron a la Iglesia a definir la canonicidad de los libros bíblicos son estos:

1) El origen apostólico: es decir, el hecho de que algún libro tenga como autor seguro a alguno de los apóstoles.

2) El uso que hizo la Iglesia primitiva de ciertos libros: según esto, son seguramente canónicos aquellos libros que fueron usados por los apóstoles y las primeras comunidades cristianas en su culto o predicación.

3) La coherencia: o sea, que la enseñanza de un libro sea coherente con el resto de la Escritura, que no contradiga el sentido de la revelación.

4) Para el Antiguo Testamento, la Iglesia asumió el canon o lista de libros ya aceptados por los judíos hasta ese momento.

2.4. ¿Cómo se dividen los libros canónicos?

Los 73 libros inspirados o canónicos de la Biblia se dividen en “protocanónicos” y “deuterocanónicos”.

1) Los protocanónicos son aquellos libros que fueron y son considerados como inspirados, tanto por los judíos, como por los católicos y los protestantes. Es decir, aquellos libros de la Biblia de los que nunca se dudó que fuesen inspirados.

2)  Los deuterocanónicos son aquellos libros de la Biblia de ciya inspiración se dudó algún tiempo o por parte de alguna iglesia en particular. Estos libros son especialmente siete del Antiguo Testamento: Tobías, Judith, Baruc, Sabiduría, Eclesiástico (o Sirácida) y 1 y 2 Macabeos. Aún hoy en las Biblias que editan los protestantes faltan estos siete libros deuterocanónicos del AT porque no los consideran inspirados.

2.5. ¿Por qué los protestantes no aceptan los deuterocanónicos del AT como libros inspirados?

Para encontrar la respuesta a esta pregunta debemos saber que en un tiempo en la Iglesia primitiva (siglo I dC) existían entre los judíos dos cánones o listas de libros inspirados.

-         Canon palestinense: constaba sólo de los 39 libros protocanónicos.

-         Canon alejandrino: contenia todos los 46 libros proto y deuterocanónicos.

La Iglesia cristiana primitiva, haciendo uso del poder que Jesús le había otorgado, adoptó el Canon alejandrino por varios motivos:

1)  Jesús, de las 37 veces que cita la Escritura, 33 veces lo hace usando la versión del Canon alejandrino. Además, en todo el NT, de las 350 citas del AT, 300 corresponden a este canon.

2)  Los apóstoles nombraron frecuentemente los libros deuterocanónicos, como Sabiduría, Judith, etc…

3)  La traducción de los Setenta fue elaborada en base al canon alejandrino.

4)  Los primeros Padres de la Iglesia también usaron este canon.

Sin embargo, los protestantes, catorce siglos después, prefirieron volver al canon palestinense y decidieron no considerar como inspirados los siete libros deuterocanónicos. En todo caso es bueno saber que, respecto al Nuevo Testamento, tanto católicos como protestantes aceptan como inspirados los27 libros que o componen.

2.6. ¿Qué son los libros apócrifos?

Llamamos apócrifos a ciertos libros religiosos que la Iglesia no ha aceptado como inspirados, pese a que su contenido sea semejante al de la Biblia. La palabra “apócrifo” viene del griego y significa “oculto o escondido”. La Iglesia excluyó estos libros del canon porque tenían autor incierto o porque eran escritos muy recientes, o porque eran falsamente atribuidos a tal o cual autor, o porque contenían errores o incoherencias respecto del resto de la revelación.

1)  Los apócrifos del AT fueron escritos por “judíos piadosos”. Deseosos de añadir consejos o exhortaciones morales, o completar la historia bíblica con ejemplos y cuentos.

Los apócrifos del NT fueron escritos por “cristianos piadosos”, con el fin de satisfacer la curiosidad de los fieles sobre los hechos de la vida de Jesús y de la Virgen María, etc., no presentes en los Evangelios.

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