Al hacer una breve interpretación al Nuevo Testamento, en el capítulo anterior, habíamos afirmado que la enseñanza, vida y obra de Jesús, antes de surgir como libros escritos en el Nuevo Testamento habían sido realidades vividas, celebradas y predicadas por los apóstoles y las primeras comunidades cristianas. Esto significa que los escritos del Nuevo Testamento tuvieron un largo y complejo camino de elaboración y composición a partir de la vida y acción salvífica de Cristo, asimilada y predicada luego por sus más cercanos discípulos y por las primeras comunidades. Por esto, en nuestro empeño de conocer e interpretar correctamente el Nuevo Testamento debemos tener muy presente el contexto y ambiente concreto que fue escenario de los acontecimientos relacionados con Jesús.
¿Cuál era el ambiente judío en tiempos de Cristo? ¿Qué aspectos importantes de la vida social y religiosa judía se reflejan en el Nuevo Testamento? ¿Qué sentido tenían las instituciones judías de las que se habla en el Nuevo Testamento? A estos interrogantes nos proponemos ahora dar una somera respuesta, para comprender mejor el mensaje de fe contenido y anunciado en el Nuevo Testamento.
1. ¿Qué es “La Toráh”?
La Toráh es la colección de los 5 primeros libros de la Biblia, es decir, el Pentateuco. Constituía la “Ley de Vida” que regía al pueblo de Israel. Todas las leyes judías se fundamentan en la Toráh.
En tiempos de Jesús las autoridades habían multiplicado las leyes en un sinnúmero de preceptos que en lugar de orientar y facilitar la práctica de la fe (en Yavéh), se había convertido en carga pesada que oprimía y confundía. Se había perdido el espíritu de la Ley (Toráh) porque se enfatizaba más bien en el cumplimiento externo riguroso. Esta situación fue duramente reprochada por el mismo Jesús (cf. Mt 23, 13-28), no porque Él despreciaba la ley, al contrario, porque veía cómo se estaba desviado el auténtico sentido que ésta debe tener. El significado original de la Toráh es apreciado y ensalzado por Jesús (cf Mt 5, 18; Lc 16, 17).
2. ¿Cuáles eran las prácticas religiosas judías más importantes?
El pueblo tradicionalmente ha sido un pueblo profundamente religioso. También en tiempos de Jesús su vida se desarrollaba al ritmo de las celebraciones semanales en “sinagoga” (=lugar de reunión de la asamblea judía donde se escuchaba la Escritura y se explicaba su sentido y exigencias), del culto al Templo de Jerusalén y de la oración personal y familiar.
El judío oraba varias veces al día el “Shemá” (“¡Escucha!”) que era una profesión de fe y una oración al mismo tiempo. También se oraba con los salmos, tanto en el contexto familiar como en la sinagoga. Muchos judíos practicaban el ayuno voluntario, y algunos como los fariseos, ayunaban dos veces por semana (cf. Lc 18, 12).
Existía, así mismo la práctica de las obras de misericordia en favor del prójimo, pero como manifestación de piedad para con Dios: la hospitalidad, el cuidado de los huérfanos, la asistencia a los pobres, etc.
Este fue el ambiente de fe judía en el que nació y creció Jesús de Nazaret, en el seno de la piadosa familia de José y de María.
3. ¿Quiénes eran y qué hacían los “sacerdotes”?
El culto y las prácticas religiosas de los judíos tenían como centro y punto de referencia por excelencia el Templo de Jerusalén. Para Israel, el Templo de Jerusalén era el lugar de manifestación de Yahvé, la expresión física de la presencia de Dios en medio de su pueblo. Este significado convertía al Templo en motivo de orgullo de toda la nación judía y objeto de particular objeto y devoción. Todo judío, donde quiera que estuviese, se volvía hacia el Templo durante su oración (cf. 1R 8, 44).
Una vez cumplidos los veinte años, todo israelita debía pagar un impuesto al Templo (cf. Mt 17, 24). Según la Ley (Dt 16, 16), los judíos debían acudir tres veces a la Ciudad Santa: en Pascua, en Pentecostés y en la Fiesta de los Tabernáculos; de este modo, la peregrinación al Templo era la forma suprema de expresión de la fe yavista.
Ahora bien, volviendo a la pregunta, los sacerdotes eran aquellos judíos a quienes se les confiaba el servicio litúrgico del Templo; eran “reclutados” de entre los descendientes de Aarón y llegaron a constituir una verdadera casta sagrada. De entre estos sacerdotes se elegía al Sumo Sacerdote, que debía provenir de una familia rica y aristocrática. El Sumo Sacerdote hacia las veces de primer ministro del culto nacional y presidente del Sanedrín o Gran Consejo, que era la máxima autoridad en los asuntos religiosos y civiles de Israel.
Los “Levitas”, por su parte, eran ministros subalternos; estaban encargados de los quehaceres materiales del Templo. Se llamaban levitas porque debían provenir de la tribu de Leví.
4. ¿Qué era lo más importante en el culto judío?
El culto del Templo, además de la oración pública o personal, tenía su máxima expresión en el SACRIFICIO, o sea, la inmolación de una víctima (animal) que era parcialmente consumida por el fuego, junto con harina, aceite y vino. Si la víctima era totalmente consumida por el fuego, el sacrificio recibía el nombre de HOLOCAUSTO.
El sacrificio representaba homenaje a Dios, un medio de expiación de las culpas personales o colectivas. En la vida individual o pública de los judíos había muchísimas ocasiones en las que se obligaba a ofreces sacrificios expiatorios (cf. Lc 2, 22-24).
5. ¿Qué significaba “el sábado” en tiempos de Jesús?
En tiempos de Cristo, el sábado para los judíos era básicamente el día del reposo y de la oración. La institución sabática tenía tanto un sentido teológico (=participación en el descanso del Dios Creador), como un sentido social (=un derecho para todos, el del descanso, sin distingo de clases).
El sábado comenzaba, en realidad, desde el viernes con la puesta del sol y terminaba el sábado a la misma hora. Durante este tiempo estaba severamente prohibida toda actividad material; esta prohibición degeneró en esclavitud a la letra de la Ley, a tal punto que Jesús la reprochó y ubicó en su justo sentido: “El sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado” (Mt 12, 8; cf. Mc 2, 23-28; Lc 6, 1-11).
6. ¿Cuáles eran las principales fiestas judías?
Ya habíamos hecho mención a la importancia de las fiestas en la vida religiosa y civil del pueblo judío, ahora veamos cuáles eran las más importantes y qué significaban:
6.1 La Pascua: Fundamentalmente era el memorial y celebración de la salida del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. Se celebraba en el plenilunio de primavera, el día 14 del mes de Nisán. Consistía en una cena familiar, según las disposiciones del Éxodo (12, 1-51). En tiempo de Jesús, esta fiesta se enlazaba con la fiesta de los Ázimos, que duraba siete días.
La comida pascual comenzaba con la bendición de una copa de vino, luego se consumían los panes ázimos (=sin levadura) y las yerbas amargas, en recuerdo de la esclavitud. Después se evocaba la liberación por parte de Yahvé, se pasaba una segunda copa de vino y los comensales cantaban el “Hallel” (Salmos 112-114). La cena terminaba con una última copa de vino y el canto de la segunda parte del Hallel (Salmos 115-118).
6.2 Pentecostés (o Fiesta de las Siete Semanas): correspondía a los cincuenta días posteriores a la Pascua, pero su celebración se efectuaba en el último día de este tiempo, rememorando la Alianza en el Sinaí.
6.3 Fiesta de los Tabernáculos (o de las tiendas): se celebraba el comienzo del año (septiembre-octubre actuales), recordaba el tiempo que el pueblo tuvo que pasar en las carpas o tiendas del desierto, además, con la recolección d ellos frutos de la tierra.
6.4 “Yom Kippur”: esta era una celebración no tan festiva y alegre como otras, sino más, un día de ayuno riguroso y de penitencia como expiación de los pecados (cf. Hch 27, 9).
7. ¿Qué era el Sanedrín?
El sanedrín era una especie de Senado o Gran Consejo que atendía todos los asuntos del gobierno interno del pueblo de Israel. Estaba conformado por setenta judíos, entre sacerdotes y no sacerdotes. Además de estos setenta “senadores”, estaba el Sumo Sacerdote, que ejercía la función de presidente de este Consejo. En tiempos de Jesús, el Sanedrín estaba doblegado y sumiso a los intereses del imperio romano, representado en el Procurador.
8. ¿Quiénes eran los “escribas”?
Los escribas o maestros de la Ley constituían un clan de maestros y entendidos en cuestiones de la Ley y del derecho. Por su rol de guías y maestros espirituales en las comunidades judías llegaron a ser personajes orgullosos omnipotentes, prepotentes, hábiles para discutir y para dar sentencias. En el Evangelio aparecen con frecuencia discutiendo con Jesús acerca de la Ley (cf. Mt 13,1ss).
9. ¿Quiénes eran los “fariseos”?
El término “fariseo” significa “separado”, y escribe muy bien la actitud de esta secta religiosa judía que no se consideraba separada (y superior) del pueblo ignorante y pecador. Ostentaban su religiosidad y su preocupación por la pureza ritual, eran defensores de una estricta observancia de la Ley, que la explicaban con minuciosa casuística y la rodeaban de una serie de preceptos secundarios.
En lo político, los fariseos eran contrarios al régimen romano, y enemigos de los saduceos por motivos sociales y religiosos. Sin embargo, el pueblo los estimaba por su celo piadoso, por su conducta intachable y por su desprecio del poder romano.
Aunque Jesús tuvo admiradores y amigos entre los fariseos (Nicodemo y Simón), sus palabras más duras las dirigió precisamente contra los fariseos, porque su culto a la Ley había hecho perder el espíritu de la misma, reduciéndola a prácticas externas y mecánicas, y porque se creían artífices de su propia salvación, llegando a despreciar al pueblo, al que consideraban como maldito y pecador (cf. Jn 7, 49; Lc 18, 11-12; Mt 23, 1-36).
10. ¿Quiénes eran los “saduceos”?
El grupo de los saduceos estaba constituido por la nobleza seglar judía, es decir, la clase rica y poderosa del pueblo. Entre los saduceos se encontraba también la aristocracia sacerdotal; eran riquísimos terratenientes, dueños del Templo, que para favorecer sus propios intereses defendían el sistema establecido por el poder romano. Su ideología era bastante conservadora, sobre todo en lo referente al culto y a la Escritura, de la cual sólo admitían aquellos libros que eran atribuidos a Moisés. Rechazaban cualquier tendencia reformista que pusiera en peligro su privilegiada situación de poder civil y económico.
11. ¿Quiénes eran los “esenios”?
Los esenios formaban un grupo similar a una orden religiosa, movidos por el deseo de purificación y consagración al Señor. Habían nacido de los piadosos, o “asideos”, que reaccionaron ante la agitación política y cultural del movimiento helenizador.
Los esenios se retiraron como si fueran una comunidad monástica, ubicándose cerca del Mar Muerto, en la región del Qumrán. Se consideraban los elegidos de Dios, únicos depositarios de la Alianza; dieron preponderancia a la vida comunitaria y a la práctica de purificaciones rituales y a la continencia, dedicaban buena parte de su tiempo al estudio y transcripción de los libros sagrados: gracias a ellos fue posible conservar y recuperan textos valiosos de la Escritura. El monasterio de los esenios fue destruido por los Romanos en la guerra judaica del año 68 d C.
12. ¿Quiénes eran los “zelotas”?
El partido de los zelotas estaba constituido por judíos nacionalistas fanáticos, que se oponían activamente al dominio romano; precisamente habían nacido a partir de la ocupación romana, como una especie de secta político-religiosa que intentaba desestabilizar el poder del imperio en su patria. Se oponían al pago de impuestos a Roma, actuando a manera de guerrilla, en la clandestinidad, recurriendo incluso a las armas. Los zelotas protagonizaron las revueltas judías que conducirían fielmente a la destrucción de Jerusalén, en año 70 d C. Judas Iscariote parece haber pertenecido a estos grupos de rebeldes.
13. ¿Quiénes eran los “samaritanos”?
Aunque no pertenecían al pueblo de Israel, conviene saber quiénes eran los samaritanos, toda vez que aparecen con frecuencia en varios pasajes del Evangelio. En realidad, eran más bien una mezcla étnica, compuesta de hebreos y paganos que se habían establecido en el centro del país, en Samaría (de ahí su nombre), y que adoraban a Yahvé en el monte Garizím, donde tenían su propio Templo, (cf. Jn 4, 19-20).
En tiempos de Jesús había una abierta enemistad entre judíos y samaritanos. Los judíos consideraban a estos últimos como pecadores públicos, y los despreciaban. En este ambiente de marcado antagonismo entre los dos pueblos, Jesús predicaba la superación de toda barrera que impedía rendir a Dios el culto auténtico, “en espíritu y en verdad” (cf. Jn 4, 24), y las dedicaban a los samaritanos sorprendentes elogios como el de aquella famosa parábola del “buen samaritano” (cf. Lc 10, 25-37).
Don esta breve presentación que acabamos de ofrecer, tal vez se nos facilite comprender mejor el ambiente en que vivió y actuó Jesús, y desde el cual brota, hasta llegar a nosotros, su mensaje de vida y esperanza.
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