“El sacrificio eucarístico es fuente y cima de toda la vida cristiana”; “la sagrada Eucaristía, en efecto, contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es decir, Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de vida, que da la vida a los hombres por medio del Espíritu Santo. Por tanto, la mirada de la Iglesia se dirige continuamente a su Señor, presente en el Sacramento del altar, en el cual descubre la plena manifestación de su inmenso amor” (Juan Pablo II. Carta Encíclica Ecclesia de Eucharistia. En: Introducción).
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