El Liber Pontificalis y el Martirologio Romano afirman que fue sepultado “junto al cuerpo del beato Pedro, en el Vaticano. Pero parece improbable que Higinio haya muerto mártir. Otros fueron sus méritos. Durante su breve pontificado (del 136 al 140) disminuyeron los ataques de los paganos contra “la nueva raza sin patria” (como llamaban a los cristianos), pero la Iglesia se vio amenazada internamente por las sectas heréticas.
Higinio se dedicó a preservar la integridad de la genuina enseñanza evangélica. Además, siguiendo el ejemplo del grande emperador Adriano, que había creado un eficiente aparato burocrático que garantizaba una sabia administración del inmenso imperio romano, intervino en la estructura jerárquica, instituyendo las Órdenes menores, que servían para mejorar el servicio de la Iglesia y para preparar a los candidatos al sacerdocio por medio de un acercamiento progresivo a los santos misterios. Parece que a él se deba la institución de los padrinos para el Bautismo. |