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Nació entre el 1175 y el 1180, había siempre rehusado honores y prestigio, pero no lo había logrado. Rechazando una vida cómoda y alegre (era hijo del noble castellano de Peñafort, en Cataluña), se había dedicado desde muy pronto a los estudios filosóficos y jurídicos: a los veinte años enseñaba filosofía en Barcelona, y a los treinta años, recién graduado, enseñaba jurisprudencia en Bolonia, excepcionalmente pagado por el Estado y, naturalmente, ese sueldo lo gastaba todo en socorrer a los necesitados.
Regresó a Barcelona por invitación de su obispo, quien lo nombró canónigo, y su amigo Pedro Nolasco lo encargó de la redacción de las Constituciones de la Orden de los Mercedarios que iba a fundar. |