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RITOS INICIALES

Comprende la entrada, el saludo, el acto penitencial, el himno del Gloria y la oración colecta, tienen el carácter de introducción y de preparación. La finalidad de estos ritos es hacer que los fieles reunidos constituyan una comunidad y se dispongan a oír como conviene la Palabra de Dios y a celebrar dignamente la Eucaristía.

1. Entrada

Reunido el pueblo, mientras entra el sacerdote, se da comienzo al canto de entrada. El fin de este canto es abrir la celebración, fomentar la unión de quienes se han reunido y elevar sus pensamientos a la contemplación del misterio litúrgico o de la fiesta, introduciendo y acompañando la procesión del sacerdote.

2. Saludo al altar y al pueblo congregado

El sacerdote, al llegar al presbiterio, saluda al altar con un beso en señal de veneración. Terminado el canto de entrada, el sacerdote, y toda la asamblea hacen la señal de la cruz, y el sacerdote, por medio del saludo, manifiesta a la asamblea reunida la presencia del Señor.
Con este saludo (el Señor esté con vosotros) y con la respuesta del pueblo (y con tu Espíritu) queda de manifiesto el misterio de la Iglesia congregada.

3. Acto penitencial

Terminado el saludo, el sacerdote invita al acto penitencial, que se realiza cuando toda la comunidad hace su confesión general y se termina con la conclusión del sacerdote.



1. Lecturas bíblicas

En las lecturas se dispone la mesa de la palabra de Dios a los fieles y se les abren los tesoros bíblicos. Como, según la tradición, la lectura de estos textos no es un oficio presidencial, sino ministerial, conviene que habitualmente lea el evangelio el diácono o faltando éste, otro sacerdote.

La liturgia nos enseña que se le debe tener suma veneración a la lectura del Evangelio, ésta se distingue por encima de las otras lecturas con especiales muestras de honor, sea por razón del ministro encargado de anunciarlo y por la bendición u oración con que se dispone a hacerlo, sea por parte de los fieles, que con sus aclamaciones reconocen y profesan la presencia de Cristo que les habla, y escuchan la lectura de pie; sea, finalmente, por las mismas muestras de veneración que se tributan al libro de los Evangelios.


2. Cantos interleccionales

Después de la primera lectura, sigue un salmo responsorial o gradual, que es parte integrante de la liturgia de la palabra. El salmo se toma habitualmente del leccionario, ya que cada uno de estos textos está directamente relacionado con cada una de las lecturas: la elección del salmo depende, según eso, del contenido de las lecturas. Sin embargo, para que el pueblo pueda más fácilmente intervenir en la respuesta salmódica, han sido seleccionados algunos textos de respuesta y de salmos.

El salmista o cantor del salmo, desde el ambón, o desde otro sitio oportuno, proclama las estrofas del salmo, mientras toda la asamblea escucha sentada y además participa con su respuesta, a no ser que el salmo se pronuncie todo él seguido, es decir, sin intervención de respuestas.

A la segunda lectura sigue el Aleluya u otro canto de aclamación, según las exigencias del tiempo litúrgico. El aleluya se canta en todos los tiempos litúrgicos, excepto durante la cuaresma.



3. Homilía

La homilía hace parte de la liturgia, pues es necesaria para alimentar la vida cristiana. Conviene que sea una explicación o de algún aspecto particular de las lecturas de la Sagrada Escritura, o de otro texto del ordinario, teniendo en cuenta, qué se celebra y las particulares necesidades de los oyentes.

Los domingos y fiestas de precepto ha de haber homilía, y no se ha de omitir sin causa grave, en todas la Misas que se celebran con asistencia del pueblo; fuera de eso se recomienda sobre todo en los días feriales de Adviento, Cuaresma y tiempo pascual, y también en otras fiestas y ocasiones en que el pueblo acude numerosos a la Iglesia.

4. Profesión de fe

El símbolo o profesión de fe, dentro de la Misa, tiende a que el pueblo dé su asentimiento y su respuesta a la palabra de Dios oída en las lecturas y en la homilía, y traiga a su memoria, antes de empezar la celebración eucarística, la norma de su fe.

5. Oración universal

En la oración universal u oración de los fieles, el pueblo, ejercitando su oficio sacerdotal, ruega por todos los hombres. En este instante se elevan oraciones y súplicas por la Santa Iglesia, por todos los hombres y la salvación de todo el mundo.


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