San Francisco de Sales, que nació en el castillo de Sales de una noble familia de Saboya, en él está el secreto de la simpatía que se ganó entre sus contemporáneos. Su mansedumbre, que tanto gusta a quienes leen la biografía del santo, no era una cualidad innata, y lo prueba esta frase suya: “¿Quieren que en un cuarto de hora yo pierda ese poco de mansedumbre que he conquistado en veinte años a costa de muchos esfuerzos?”.
Fue celoso sacerdote y trabajador infatigable en la viña del Señor. Como vio que eran pocos los frutos que lograba desde el púlpito, se dedicó a publicar folletos que él mismo distribuía por debajo de las puertas de las casas o que pegaba en las paredes, mereciendo por esta actividad original publicitaria el título de patrono de los periodistas y de los que difunden la verdad cristiana sirviéndose de los medios de comunicación social. Pero los folletos que él distribuía por debajo de las puertas de las casas tampoco tuvieron mucha eficacia.
Fue Obispo auxiliar a los 32 años y tres años después obispo titular de Ginebra, introdujo en su diócesis las reformas del Concilio de Trento. |

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