Una leyenda áurea, siguiendo al historiador Eusebio, habla de una cándida paloma que se habría posado sobre su cabeza durante la reunión de los cristianos que tenían que nombrar al candidato, pero después fue muy apreciado, no sólo por sus innovaciones administrativas, sus intervenciones doctrinales, sino, sobre todo, en las controversias de la inquieta Iglesia africana. San Fabián fue enterrado en las catacumbas de san Calixto, que él cuidó con esmero.
No muy lejos, en las catacumbas que llevan su nombre, fue enterrado san Sebastián, cuyo martirio tuvo lugar el mismo día 20 de enero, pero unos cincuenta años más tarde, bajo Diocleciano. San Ambrosio nos dice que san Sebastián había nacido en Milán, pero muchas otras noticias (bastante legendarias) nos vienen de la Pasión de san Sebastián, fruto de la devoción y de la fantasía de Arnobio el Joven, un monje del siglo V. Según ella, Sebastián era amigo del emperador, y se sirvió de sus amistades para ayudar a sus hermanos en la fe, que eran encarcelados y llevados al suplicio. |