Los santos Timoteo y Tito vivieron en la órbita del grande Apóstol de las Gentes, y el nuevo calendario los coloca después de la fiesta de la “conversión” de san Pablo.
Timoteo es la imagen del discípulo ejemplar: obediente, discreto, eficaz, valiente. Por estas cualidades Pablo quiso que fuera su compañero de apostolado, en vez de Juan Marcos, durante el segundo viaje misionero en el año 50.
Había nacido en Listra, en donde Pablo lo encontró durante el primer viaje, y fue de los primeros convertidos al Evangelio, había sido educado en la religión hebrea por la abuela Loida y por la madre Eunice. Desde su encuentro con Pablo, sigue con él; lo acompaña a Filipos y a Tesalónica. Después los encontramos juntos en Atenas, en Corinto, en Efeso y, finalmente, en Roma durante el primer cautiverio de Pablo. Fue un infatigable “viajero enviado” por el Apóstol de las Gentes, y mantuvo los contactos entre Pablo y las jóvenes comunidades cristianas fundadas por él.
A menudo le llevaba las cartas y le daba noticias respecto de las mismas comunidades. Murió mártir en el año 97.
El segundo fiel colaborador de Pablo fue san Tito, de origen pagano. Convertido y bautizado por el mismo Apóstol, que lo llama “hijo mío”, se encuentra en compañía de Pablo en Jerusalén, en el año 49. Hizo con él el tercer viaje misionero. Fue Tito quien llevó la “carta de las lágrimas” de Pablo a los fieles de Corinto, entre los cuales restableció la armonía y organizó la colecta para los pobres de Jerusalén.
Una antigua tradición, históricamente no confirmada, dice que Tito murió en Creta, en edad muy avanzada.
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