El culto litúrgico de esta santa Mártir se remonta al siglo V, cuando el papa Simmaco le dedicó una basílica. Parece que fue san Gregorio Mago quien incluyó su nombre en el Canon de la Misa. Nació en Catania y se conoce también la fecha del martirio, mientras que todas las demás noticias de su vida nos vienen de fuentes históricamente no muy seguras, aunque no carentes de intrínseca veracidad, porque la tienen las tradiciones populares. Por estas tradiciones sabemos que la joven mártir pertenecía a una noble y rica familia. Sus riqueza y su extraordinaria belleza llamaron la atención del mismo cónsul Quinciano, quien la pidió por esposa. Pero Águeda había prometido ya su vida a otro esposo, Cristo. El Cónsul no se dio por vencido y acudió a la ayuda de una especie de bruja llamada Afrodisiaca, quien no tardó en declararse vencida ante a la fe y la pureza de santa Águeda, pues todo su trabajo fue perdido.
Pero Quinciano no aceptó pasivamente esta nueva derrota. Del amor pasó al odio y trató de atemorizar a la muchacha, pero inútilmente. Y de las amenazas pasó a los hechos: la hizo torturar bárbaramente.
Finalmente, terminó su vida quemada con carbones ardientes, y por eso la ciudad de Catania la invoca como protectora contra la violencia de la lava del Etna, el volcán que, según la tradición, se detuvo prodigiosamente en sus erupciones un año después del martirio de santa Águeda, hacia el año 250.
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