Benigno pertenece a la innumerable multitud de víctimas de la última cruenta persecución anticristiana de Diocleciano y Maximiano, al comienzo del siglo IV. Los datos de este Santo son muy escasos. Se sabe que nació y vivió en Todi (Italia), en donde fue ordenado sacerdote por su bondad y rectitud. Soportó valientemente la tortura y la muerte, y fue enterrado por manos piadosas a la orilla de un camino, en donde después se construyó un monasterio benedictino.
En 1904 se colocaron sus reliquias en el altar mayor de la iglesia de San Silvestre. El culto de este Santo no se ha difundido mucho; casi se lo recuerda sólo en Todi, su pueblo natal.
Hay dos mártires con el nombre de Valentín, que vivieron en el siglo III y que se conmemoran el 14 de febrero; de ellos hay una simpática tradición, sobre todo en los países anglosajones: como en la Edad Media se creía que en este día los pájaros, al sentir los primeros aires de primavera, empezaban a nidificar, se dice que la fiesta de san Valentín marcaba el despertar de la vida y por tanto del amor. Por eso san Valentín se convirtió en patrono de los novios. ¿Pero cuál Valentín? ¿El sacerdote romano que sufrió el martirio en el 268, o el obispo de Terni (Italia) que también murió mártir cinco años después?
Se dice que el primero fue amigo del emperador Claudio el Gótico, quien fue el que lo interrogó. Sus claras respuestas calaron bien en la mente del emperador, que dirigiéndose al público exclamó: “¡Escuchen la sabia doctrina de este hombre!”. Pero de todos modos lo condenaron a muerte, porque mientras tanto había logrado convertir al mismo prefecto Asterio y a toda su familia. Lo enterraron en la vía Flaminia en donde después se construyó una iglesia dedicada a él.
El segundo Valentín, obispo de Terni, durante su estadía en Roma convirtió al famoso filósofo, Cratone y a sus tres jóvenes discípulos atenienses que después, con su celo, se expusieron a la fácil delación de los paganos. El obispo fue llevado al tribunal y condenado a la decapitación. Entonces los tres jóvenes neoconvertidos llevaron su cuerpo a Terni, en donde fue recibido con muchos honores por la floreciente comunidad cristiana. |