Nació hacia el año 250, merece un puesto destacadísimo en la lista de los grandes campeones de la fe, porque fue uno de los protagonistas en la lucha contra la herejía arriana. Fue un hombre de profunda cultura, celo y bondad, y en el año 313 fue elegido patriarca de Alejandría de Egipto. Parece que el mismo Arrio, ordenado sacerdote por el predecesor san Aquila, por sugerencia de Alejandro, fue uno de los promotores de su elección.
Tan pronto fue elegido patriarca, se dedicó a la formación y elección de los clérigos y comenzó la construcción de la iglesia de San Theonas, la más grande de la ciudad. Pero su nombre quedó unido a la edificación de ese gran baluarte de la ortodoxia, construido por su iniciativa, en el primer Concilio ecuménico de Nicea, contra la propagación de un conjunto de herejías difundidas por uno de sus sacerdotes, Arrio, un auténtico precursor de los modernos métodos publicitarios. Para difundir sus teorías (la incomunicabilidad de Dios con sus criaturas, la posición subordinada e intermedia de Cristo entre Dios y el mundo y, por tanto, la negación de la consubstancialidad del Hijo con el Padre), Arrio se sirvió, incluso, de las canciones que el pueblo cantaba sin darse cuenta de los errores doctrinales que se ocultaban en tales cantos. Alejandro trató de reconducirlo al rebaño con dulzura y paternalmente, pero, al ver que todo era inútil, el Santo patriarca convocó un sínodo de obispos en el que se examinaron y rechazaron las tesis de Arrio. Éste no se sometió y se fue para Palestina en donde se hizo pasar por perseguido y trató de desacreditar a Alejandro. En la controversia se mezcló el mismo emperador Constantino, quien, poco experto en cuestiones teológicas, terminó haciéndoles severos llamamientos al orden a uno y otro. Pero la disputa no podía terminar así y, entonces, Constantino convocó el concilio en Nicea de Bitinia por insistencia de Alejandro.
Murió el 26 de febrero del año 328. |