Los amigos
El sol de los días, el azul del cielo. Los amigos son los confidentes preferidos. Si les sucede algo y no tienen a pedir de boca al «amigo del alma», parece que van a estallar porque deben tener todo guardado. A ellos se les cuenta todo, de todos y de todo. Sin duda, los entienden. ¿Y cómo no? Viven los mismos problemas, las mismas sensaciones, las mismas emociones, la misma intensidad, Les son muy cercanos de una manera apasionada y exclusiva.
Pero atención: cuando el juego se hace duro y los problemas comienzan a ser delicados, los amigos, aunque los amen mucho, y dada la edad de ellos, que es más o menos la de ustedes, sabrán tanto como lo que saben ustedes.
¿Por qué, entonces, no adoptan otra estrategia? Mantener una comunicación abierta y sincera con los adultos: padres, educadores; pídanles su ayuda y déjense sostener con la fuerza de la amistad de los compañeros, de la clase, de los amigos del alma.
Sin amigos no se vive. Y sin la ayuda de personas adultas que los puedan aconsejar no se puede crecer.
Los educadores
En esta categoría comprendemos animadores, profesores, catequistas y todas las personas que giran alrededor de ustedes con el fin de ayudarlos en su crecimiento. Los expertos en jóvenes, por elección o por profesión, son los guardaespaldas de ustedes. Ellos saben ser abiertos, disponibles, siempre dispuestos a escuchar y sugerir. Hacen todo con discreción, sin invadir. Conforman un tesoro en cuanto a competencia, seguridad, experiencia que no pueden ni deben dejar escapar. Son los hermanos más grandes que siempre han deseado, los amigos perfectos que en verdad sostienen. ¿Por qué no dejarse ayudar de ellos? ¡No esperen otro!
Los padres
Sí, lo sé y ustedes también lo saben. Son muchas las ocasiones en las cuales ustedes manifiestan sus cariños poniéndose el uno junto al otro para hacer las confidencias. A veces la distancia entre el mundo de ellos y el de ustedes es de años luz. «Porque ellos son viejos», piensan ustedes. La diferencia de edad es real, sin embargo, los padres los entienden, o al menos se esfuerzan por hacerlo. Los observan y los protegen (incluso cuando no los dejan salir). Ábranse con ellos. A pesar de ciertas apariencias, podrán encontrar personas disponibles y con deseos de escuchar, sugerir, amar. Es posible que algunas veces les dirán «es hora de que tú crezcas, asume tus responsabilidades», «no puedo hacerte todo», pero siempre estarán dispuestos, con el corazón abierto, a apoyarlos en cualquier elección que hagan. No desprecien la oportunidad de hablar con los padres, incluso en las cuestiones más «delicadas». Déjenlos entrar en el mundo de ustedes. Están aquí por ustedes. Los escuchan, los corrigen, los «despiertan»: ¡Déjense amar!
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