En el primer mandamiento del decálogo que propone la unicidad de Dios podemos leer esta exhortación: “No te harás escultura, ni imagen alguna, ni de lo de arriba en los cielos, ni de lo de abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra” (Ex 20, 4). No obstante, existe una excepción a esta prohibición de construir imágenes digna de ser tenida en cuenta. Se trata de las imágenes que estaban en el lugar sagrado. Hablamos en concreto de las placas de oro que cubrían el Arca de la Alianza. Tenían la función de señalar el espacio para la expiación: “Allí me manifestaré a ti”, le dice Dios a Moisés (Ex 25, 22). “Quiero manifestarte todo lo que te confiaré a favor de los israelitas”.
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