Si bien es cierto que en nuestras Biblias encontramos primero los libros del Antiguo Testamento, en este camino por el mundo de la Sagrada Escritura, le proponemos adentrarnos antes en el Nuevo Testamento, porque a la luz del mensaje salvífico de Jesús, nos será más fácil entender e interpretar acertadamente el contenido y mensaje del Antiguo Testamento.
1. ¿Qué es el Nuevo Testamento?
Llamamos Nuevo Testamento a la colección de los 27 libros inspirados que se escribieron después de la resurrección de Jesús. En nuestras ediciones de la Biblia son los últimos libros que aparecen, desde el Evangelio de Mateo, hasta el Apocalipsis de san Juan. Ubicándonos en el contexto de la Historia de la Salvación, el Nuevo Testamento equivale al cumplimiento de las promesas, esperanzas y profecías anunciadas al pueblo de Israel desde la antigüedad, y que llegan a su culmen y plenitud en una persona: el hijo de Dios hecho hombre: JESUCRISTO. Por eso el Nuevo Testamento equivale a la Nueva y Eterna Alianza entre Dios y el pueblo.
2. ¿Qué contiene el Nuevo Testamento?
En el Nuevo Testamento podemos encontrar valiosísimos testimonios acerca de la vida, predicaciones, obras y rasgos esenciales de la persona de Jesucristo, y las consecuencias que dicha presencia de Cristo causó y debe seguir causando en la comunidad de sus seguidores. Por eso, el NT contiene también un testimonio de la Iglesia naciente y de la acción del Espíritu Santo en ella. Como lo afirma el Concilio Vaticano II: “La Palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación del que cree, se encuentra y despliega su fuerza de modo privilegiado en el Nuevo Testamento” (DV 17).
Estos 27 libros del NT conservan el anuncio y mensaje fundamental de nuestra fe cristiana: la Buena Noticia de Dios-con-nosotros y del cumplimiento de su misión salvífica a favor nuestro. Es por ello que, todo él, gira en torno de Jesús de Nazaret, nacido de María Virgen y del Espíritu Santo, enviado por el Padre como Mesías Libertador y único camino hacia la plenitud de la vida y de la felicidad. El NT contiene, pues, un mensaje de salvación en Cristo.
3 ¿Qué libros forman el Nuevo Testamento?
Teniendo a la mano nuestra Biblia, fácilmente comprobamos y hasta aprenderemos de memoria el elenco de los 27 libros que conforman el NT, a saber: ante todo encontramos los cuatro Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan; seguidamente el libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito también por san Lucas; luego están las trece cartas o epístolas atribuidas a san pablo: a los Romanos, las dos Cartas a los corintios, la Carta a los Gálatas, a los efesios, a los filipenses, a los colosenses, las dos Cartas de los tesalonicenses, sus dos Epístolas a Timoteo, a Tito y a Filemón. Después aparece una Carta a los hebreos, que aunque fue atribuida por muchos años a san Pablo, ya se reconoce hoy en día que no es paulina. Aparecen luego las Epístolas de Santiago, las dos atribuidas a Pedro, las tres de san Juan, la de Judas, y finalmente, como broche de oro, encontramos el libro del Apocalipsis, llamado también libro de la Revelación, escrito por san Juan.
El hecho de que sean 27, ni más ni menos, los libros que constituyen el Nuevo Testamento, debemos atribuirlo a los criterios de canonicidad usados por la Iglesia, es decir, las razones que la motivaron parra iniciar todos y cada uno de los libros dentro del “canon” o lista oficial de libros inspirados, considerados como revelación y palabra de Dios. Ya en una oportunidad anterior nos referimos a este detalle; sin embargo, debemos resumir esos criterios de canonicidad en dos: origen apostólico y uso litúrgico. Esto significa que aquellos libros que tuvieron como autor seguro a un apóstol y que hubiesen sido leídos y usados a menudo en el culto cristiano desde los orígenes, fueron incluidos en el canon bíblico del NT.
4. ¿Cómo nació el Nuevo Testamento?
4.1 Marco histórico y religioso del NT:
Ubicándonos en la época de Cristo, hay que recordar que Palestina estaba bajo el poder del Impero Romano, y aunque gozaba de una relativa paz, el pueblo judío no estaba a gusto con el yugo del poder de Roma. En ese contexto nace Jesús, en tiempos de Herodes, que reinó desde el año 37 hasta el 4 aC (esta pequeña contradicción de tiempo –5 ó 6 años– se debe a un error de cómputo del siglo VI. Por ello, Jesús nació en realidad hacia el año 6 aC..., curiosamente). Al morir el rey Herodes, el reino se dividió entre sus hijos: Arquelao se quedó con la mayor parte, correspondiente a Judea, Idumea y Samaría, pero su pésima y brutal manera de gobernar llevó a que fuera de puesto y desterrado hacia el año 6 dC. El territorio de Arquelao se anexó a la provincia romana de Siria, con el gobierno de un procurador.
Por su parte, la comunidad Judía de Jerusalén tenía el derecho a juzgar sus propios asuntos en el Sanedrín, pero la ejecución de las penas capitales le correspondía al procurador. Herodes Antipas asumió el poder sobre Galilea y Perea desde el año 4 aC, y lo ejerció hasta el año 39 dC.
Los judíos aguardaban la venida de un rey mesiánico inspirada en los antiguos profetas, pero con el paso del tiempo esa esperanza se convirtió en espera de un caudillo político o líder militar que pondría fin a la odiosa dominación extranjera. En este contexto judío, Jesús con su mensaje de amor fraterno y de misericordia, no fue recibido por el pueblo judío en general como el Mesías, sino más bien como un impostor que debía ser eliminado. Su declaración pública y valiente de ser rey y Mesías (Cf. Mc 15, 16) fue interpretada como una evidente blasfemia, por lo cual fue condenado a muerte. Pero dicha sentencia debía ser confirmada y cumplida por el procurador, que por entonces era Poncio Pilato.
Después de ejecutada la sentencia, Jesús rompe las ataduras de la muerte y resucita victorioso para reanimar la fe débil de sus apóstoles y discípulos hasta convertirlos en valientes testigos de su resurrección. La fe pascual y la acción vivificadora del Espíritu Santo hacen posible el nacimiento de la Iglesia, como comunidad de resucitados. Y es a todo este ambiente al que debemos referirnos como telón de fondo de aquello que da lugar al Nuevo Testamento.
4.2 Proceso de evolución del NT:
Hay que tener en cuenta que el NT no surge como por arte de magia, de la noche a la mañana, sino que va tomando forma paulatinamente a través de algunas etapas.
Jesús no escribió nada, ni de sí mismo ni de su doctrina; tampoco mandó escribir a nadie; en lo que sí insistió fue en el mandato misionero de “ir a anunciar a todos los pueblos la Buena Noticia, para convertirlos en discípulos suyos”. Y, precisamente, atendiendo este envió, los apóstoles de dedicaron a la “predicación” (oral) del anuncio salvífico. Así, pues, el NT, antes que nada fue VIVIDO, CELEBRADO y PREDICADO. Luego sí, en segundo momento, cuando las comunidades cristianas ya vivían y celebraban su fe en Cristo, y cuando los testigos oculares de la vida y palabras de Jesús iban desapareciendo, se sintió la necesidad de poner por escrito ese anuncio o predicación.- en síntesis, concretemos la historia del NT en estas etapas:
4.2.1 ETAPA PREDICADA DEL NUEVO TESTAMENTO:
En cumplimiento del mandato de Cristo, sus discípulos fueron elaborando un núcleo central del anuncio del Evangelio, para predicarlo a todo el mundo. Ese primer anuncio, que es al mismo tiempo como la síntesis de la Buena Nueva, es lo que llamamos “kerigma”: que Jesús, Hijo de Dios, murió y resucitó por nuestra salvación. Este fue el mensaje que los apóstoles fueron comunicando oralmente a sus comunidades. Así empieza a forjarse el NT.
Después de la muerte de san Esteban (primer mártir cristiano), se desató una fuerte y cruel persecución contra los seguidores de Jesús, quienes tuvieron que huir (cf. Hch 11, 19); paradójicamente esto fue providencial, porque los cristianos, al huir de Jerusalén, fueron difundiendo el testimonio de su fe, hasta alcanzar los confines del imperio con su mensaje evangelizador. De esta manera, el kerigma fue anunciado no sólo en el contexto del pueblo judío, sino que también se extendió a los ambientes paganos o gentiles, especialmente por obra de san pablo y sus discípulos.
Las comunidades cristianas que se iban formando sentían la necesidad de fundamentar y profundizar mejor su fe; Así, los apóstoles iban enseñando, recordando las palabras del Maestro, sus milagros, sus parábolas y los detalles y significado de su muerte y resurrección. La predicación se iba adaptando a las nuevas situaciones de las comunidades surgidas, por obra del Espíritu Santo que animaba, inspiraba y asistía a los primeros misioneros.
2. ETAPA ESCRITA DEL NUEVO TESTAMENTO:
Se debe tener en cuenta que los primeros textos escritos del NT, no surgieron de ninguna “comisión de la redacción”, sino más bien de la vida de fe cristiana de las comunidades, fue, pues, un camino largo, pero maravilloso el que dio origen a los textos escritos del NT:
a) Inicialmente, las comunidades cristianas empezaron a resumir lo especial de la predicación apostólica en fórmulas breves y fáciles de memorizar, que serían como los primeros intentos de dar forma a un “credo” (cf. 1Co 15, 3-5).
b) Luego surgieron, también en el contexto de las comunidades, aclamaciones y fórmulas de alabanza a Cristo (cf. Flp 2, 6-1; Col 1, 12-20; 1 Tm 3, 16).
c) Mientras poco a poco iba tomando forma el “credo cristiano”, san pablo, por su parte, desde el año 40 empezaba los viajes misioneros e iba fundando comunidades en toda Asia Menor. Para mantener con ellas contacto pastoral, el Apóstol, como pionero de la comunicación social al servicio del Evangelio, apeló al medio epistolar para aconsejar, amonestar, enseñar y solucionar los problemas de sus comunidades a través de sus cartas. Así surge el primer libro completo del NT: la Primera Carta a los tesalonicenses, en el año 51, aproximadamente. Las cartas paulinas, además de animar el caminar histórico de las comunidades cristianas, se convirtieron en textos autorizados de la original y auténtica teología cristiana, llevándose, además, el merito de ser los primeros libros escritos del Nuevo Testamento.
d) Pasaron 30 ó 35 años después de la resurrección del Señor, y al ir muriendo los apóstoles más ancianos, los nuevos misioneros y predicadores que no habían conocido personalmente a Jesús, necesitaban guías escritas que facilitaran su apostolado de evangelización: nacieron así los primeros textos centrales que con el tiempo llegarían a tomar forma en los cuatro Evangelios. En muchas partes se recogieron en colecciones sencillas las palabras del Señor que se podían recordar todavía; se redactó también el relato de la pasión y otros relatos con detalles de la vida y milagros del Maestro. Estas colecciones sirvieron de base para la elaboración definitiva de los Evangelios: primero fue el de san Marcos, hacia el año 70, luego los de Mateo y Lucas, hacia el año 80 y el último, el de san Juan, alrededor de los años 90.
e) Y en todo este proceso van tomando forma los demás escritos del NT: los Hechos de los Apóstoles, las otras cartas apostólicas y finalmente el Apocalipsis de san Juan, cercano del año 95 ó 100 dC.
5. ¿Qué estilo literario encontramos en el NT?
Lo que hemos dicho en anteriores oportunidades acerca de toda la Biblia, vale también aquí respecto al Nuevo Testamento, en el sentido de que no podemos verlo como un solo libro, sino como una colección de 27 libros, y por lo mismo, los estilos y géneros literarios usados son diversos. No hay un solo estilo, son variados: encontramos el género que podemos llamar “evangelio”, que no es tanto una historia de Jesús, aunque contiene sí muchos datos históricos, sino más bien una interpretación catequética de dicha historia.
Otro estilo literario de abundante participación en el NT, es el de las epístolas, que en lenguaje coloquial proponen enseñanzas de fe, indicaciones seguras de moral cristiana y pautas de vida fraterna y solitaria entre los creyentes.
Una particular atención la merece el género apocalíptico, que esconde entre figuras y símbolos grandes misterios de vida y esperanza para el pueblo que sufre y avanza hacia su plena liberación.
6. ¿Qué relación existe entre el NT y el AT? Jesús mismo aclaró este vínculo entre Antiguo y Nuevo Testamento cuando afirmó que no había venido para abolir la Ley y los Profetas (es decir, el AT), sino a darles cumplimiento y plenitud. El NT, pues, no es una realidad aparte, independiente de la Historia Sagrada que contiene el AT; es, más bien, su continuación y cumplimiento definitivo y radical. Seguramente los autores del NT tuvieron como trasfondo y punto de referencia la Antigua Alianza, por eso es importante conocer el AT, para comprender mejor el Nuevo, o sea, de Cristo, se puede interpretar y comprender correctamente el Antiguo Testamento. Sólo Cristo da se4ntido a la historia; él es la realización de las promesas y esperanzas formuladas desde el Antiguo Testamento. El AT anuncia y prepara la venida del Mesías, en tanto que el Nuevo Testamento de la irrupción, presencia y misión de este Mesías a favor de la historia humana. |