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17 DE JULIO

SAN ALEJO (Mendicante)


Entre los más sugestivos itinerarios turísticos romanos, sobre el monte Aventino, una etapa obligatoria, después de visitar la antigua basílica de Santa Sabina, es la de la Iglesia de San Alejo, en donde muchos jóvenes esposos quieren celebrar sus matrimonios. La iglesia, que antes se llamaba de San Bonifacio, fue dedicada en 1217 por el papa Onorio III a san Alejo. Pero el primitivo edificio desapareció casi completamente con la restauración barroca del 1700. Mas todavía hoy turistas y devotos buscan la escalera de madera, colocada en la capilla lateral, en donde un discípulo de Bernini, Bergondi, hizo la estatua del Santo. En efecto, una antigua tradición dice que debajo de esa escalera pasó las noches el joven patricio romano, Alejo, que se había hecho mendicante por amor a Cristo.
Su historia, de la que se apoderaron teatro y poesía y mucho antes la leyenda, la cuentan de varios modos. La versión hagiográfica siríaca de este Santo, anónimo hombre de Dios, asceta y mendicante en Edessa en el siglo V, es la que más ha tenido fortuna. Se encuentra en un antiguo manuscrito de fines del siglo V. En ella se narra la historia de un joven romano, hijo de padres ricos, que en la noche del matrimonio se alejó a escondidas de la sala del banquete y huyó hasta Edessa, en donde pasó algunos años mendigando para sobrevivir. Pedía limosna en la puerta de una iglesia, pero todo el día se la pasaba en oración y penitencia. Antes de su muerte le reveló su identidad al sacristán. Este le contó al obispo, que de inmediato se fue al cementerio en donde había sido enterrado el pordiosero, pero en la tumba no se encontraron sino unos pocos harapos.
La versión greco-romana introdujo una variante significativa: Alejo, único hijo de los patricios Eufemiano y Aglae, el día del matrimonio, después de un largo coloquio con la esposa, se pusieron de acuerdo para vivir en absoluta continencia; después parte de Roma hacia una meta desconocida. Diecisiete años después regresa, y en la casa de sus padres lo reciben como a un mendigo y lo ponen a trabajar en los oficios más humildes. En la basílica inferior de San Clemente hay dibujos de la segunda mitad del siglo XI que representan el regreso a Roma de san Alejo con vestidos de mendigo, su encuentro con el padre, que no lo reconoce; después la visita del papa Inocencio que descubre en el cuerpo del desconocido peregrino el signo de su identidad real y la natural escena de los padres, visiblemente acongojados, a la cabecera del hijo moribundo.


17 de julio


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