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28 DE JULIO
SAN INOCENCIO I (Papa)

Elegido pontífice en el 401, san Inocencio I, natural de Albano Laziale, gobernó la Iglesia durante 16 años. Fue un período histórico muy difícil para el Imperio Romano de Occidente y para Roma en particular, porque el 24 de agosto del 410 fue conquistada y saqueada por los godos de Alarico. Muchos ciudadanos, todavía no convertidos al cristianismo, celebraron solemnes sacrificios a las antiguas divinidades. El papa Inocencio, gracias al prestigio que tenía aun entre los bárbaros, obtuvo una tregua de armas, aceptando la condición de ir a Ravena a encontrarse con el pávido emperador Onorio para que le concediera a Alarico poderes especiales.
La misión no logró los resultados que esperaban los invasores, y por eso Alarico dio la orden para el dramático saqueo de Roma y para las devastaciones durante tres días. Los bárbaros respetaron las iglesias. Inclusive, parece que los bárbaros llevaron a la tumba de los Príncipes de los apóstoles los vasos preciosos que los particulares habían ocultado en sus casas. Sin embargo, la caída de Roma, comentada con expresiones de gran dolor por san Agustín y san Jerónimo, no marcó el ocaso de la autoridad pontificia. La solicitud hacia todas las Iglesias está comprobada por el gran número de cartas escritas por Inocencio I, 36 de las cuales constituyen el primer núcleo de las colecciones canónicas, o cartas encíclicas, que forman parte del magisterio ordinario de los pontífices. Inocencio I estableció un punto muy importante en la disciplina eclesiástica, es decir, la uniformidad que las varias Iglesias deben tener con la doctrina y las tradiciones de la Iglesia de Roma.
Sus intervenciones doctrinales se refieren a la liturgia sacramental, la Penitencia, la Unción de los enfermos, el Bautismo y la indisolubilidad del matrimonio, claramente confirmada aun en los casos de adulterio. Durante su pontificado se difundió la doctrina de Pelagio, condenada en el 416 por los Concilios de Milevi y de Cartago por iniciativa de san Agustín y con la aprobación de Inocencio I. La solicitud del Papa no se limitaba sólo a la defensa de la doctrina tradicional de la Iglesia: con tacto humanísimo él sabía animar y mitigar sufrimientos.
A san Jerónimo, que desde su retiro de Belén le había escrito para confiarle algunas aflicciones suyas, el Papa le contestó con una carta paternal, demostrando no sólo que sabía dirigir con mano firme el timón de la barca de Pedro, sino también que tenía un corazón abierto a la comprensión de tantos pequeños y grandes dramas individuales. Murió en Roma en el 417, el 28 de julio según el Liber Pontificalis, y fue enterrado en el cementerio de Ponciano sobre la vía Portuense.


28 de junio


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