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8 DE JULIO

BEATO EUGENIO III y SAN ADRIANO III Papas


San Bernardo así les escribía a los cardenales después de la elección de Eugenio III, monje de su Orden: “Es un hijo delicado y su modestia está más acostumbrada al retiro y a la quietud que a tratar cosas exteriores, que es de temer que no sepa cumplir los oficios de su apostolado con la necesaria autoridad”. El temor de que el manso Pontífice no estuviera a la altura de la situación lo condividían muchos. Pero el Señor —como escribe el cardenal Bosone, su contemporáneo y su biógrafo— le concedió tal ciencia y elocuencia, tal liberalidad y fuerza en la administración de la justicia que superó en actividad y fama a muchos de sus antecesores.
Eugenio III, cuyo nombre de pila era Pier Bernardo, era hijo de una noble familia de Montemagno (en donde nació), cerca de Pisa. Después del encuentro con san Bernardo, en 1138, entró a la Orden cisterciense. Elegido Papa, gobernó a la Iglesia durante ocho años y cinco meses (1145-1153) en un período muy difícil. Después de la elección tuvo que huír de Roma por la noche para hacerse coronar, el 18 de febrero en el monasterio de Farfa, para escapar de las intimidaciones del pueblo, que, instigado por agitadores como Arnaldo de Brescia, reclamaban para Roma las libres instituciones comunales, con elección directa de los senadores. Por sugerencia de san Bernardo, se dedicó a la reforma de la Iglesia y de la curia romana; se preocupó por la defensa de la cristiandad contra la amenaza de los turcos, por medio de una cruzada; presidió cuatro concilios (París, Tréveris, Reims y Cremona); promovió los estudios eclesiásticos; defendió la ortodoxia, y él mismo supo conciliar la austeridad de la vida monástica con las exigencias de la dignidad papal.
Cuando murió, en Tivoli el 8 de julio de 1153, el cardenal Hugo, obispo de Ostia, escribió: “Inmaculado, emigró de su carne hacia Cristo”.
Muy poco, en cambio, sabemos de la vida de san Adriano III. El Liber Pontificalis nos dice solamente que era romano, hijo de Benito, y que gobernó la Iglesia un solo año, de 884 al 885. Los pocos datos biográficos se refieren a la narración de su muerte, de la sepultura y de los milagros que hizo. Los Annales Fuldenses del año 885 hablan de la partida de Adriano III de Roma, de su muerte y sepultura en el monasterio de Nonantola.
El viaje del pontífice era la respuesta a la invitación del sucesor de Carlomagno, Carlos el Gordo, que había invitado a Adriano III a la dieta de Worms, porque la presencia del Papa confirmaría la autoridad imperial del heredero del Sacro romano imperio. Un detalle interesante de la personalidad de este Santo es su actitud conciliadora con el patriarca de Constantinopla, Focio, a quien le comunicó su elección.



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