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9 DE JULIO

NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO DE CHIQUINQUIRA


El señor Antonio de Santana, alcalde de Sutamarchán (Boyacá), era devoto de la Virgen María, pero en ese tiempo, 1555, no había en la región un cuadro digno de la Madre de Dios. Entonces le pidió al pintor Alonso de Narváez que le hiciera un cuadro de la Virgen del Rosario. Y como sobraba espacio al lado y lado de la imagen, le hizo pintar a un lado a san Antonio con el Niño, pues este santo era el patrono de don Antonio Santana; y al otro lado le hizo pintar al apóstol san Andrés, porque también era devoto de ese santo.
El cuadro fue colocado en la capilla de los indios de Sutamarchán, pero a los veinte años estaba tan deteriorado que ya no se distinguían las imágenes. Con el tiempo la tela no sirvió sino para poner granos a secar al sol. Después la familia Santana se trasladó a Chiquinquirá, y, entre los trastos, se llevó también la tela en donde había sido pintada la Virgen del Rosario. Allí, cuentan, una señora llamada María Ramos, sabiendo que esa tela había tenido en otros tiempos la imagen de la Virgen, la colocó en la pared de su humilde casa y dizque diariamente le pedía que volviera a aparecer, pues en esa región no se conseguían cuadros de la Virgen. Y el 26 de diciembre de 1586, al regresar la mujer del mercado vio que la tela despedía rayos de luz y que la imagen de la Virgen iba apareciendo. Entonces María Ramos exclamó: “¡Estás hermosa como una rosa, Virgencita mía!”. En ese momento, cuentan, pasaba por frente una india con su niño en brazos que le dijo: “¡Mamá, mire a Mamá linda!”, y le mostraba el cuadro renovado.
Otros cuentan que, sin que María Ramos le pidiera a la Virgen la renovación del cuadro, éste comenzó a despedir rayos de luz de variados colores, y las imágenes comenzaron a aparecer cada vez más nítidas. Sea como sea, lo cierto es que el cuadro fue pintado por Alonso de Narváez, que las imágenes desaparecieron por la humedad del lugar y por el material usado, y que después se renovaron milagrosamente. Hoy se puede apreciar la nitidez de las imágenes, pues el cuadro se encuentra en el altar mayor de la basílica de Nuestra Señora del Rosario en Chiquinquirá.
El suceso de la renovación se conoció por todos los alrededores y por las muchas señales y prodigios comenzó la veneración a la Virgen, que ha ido aumentando día a día. Quienes la invocan frecuentemente obtienen la salud del cuerpo, el consuelo en las aflicciones, la ayuda en las tentaciones, el auxilio en las necesidades y el remedio en las calamidades públicas. Nada de extraño tiene el que la capilla se haya convertido en un bellísimo santuario, a donde acuden los fieles desde distintas y remotas regiones. Pío XI, a solicitud del arzobispo de Santafé de Bogotá (en ese entonces Chiquinquirá pertenecía a la arquidiócesis de Bogotá), concedió en 1829 que se honrara a la Santísima Virgen con la singular solemnidad de oficio y misa propios, bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, y la declaró Patrona principal de la arquidiócesis de Bogotá.
El 9 de julio de 1919 todos los obispos de Colombia, reunidos con el Presidente de la República, D. Marco Fidel Suárez, la declararon patrona principal de Colombia.



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