Luni, la ciudad etrusca situada en el límite entre la región de Liguria y la de Toscana (Italia), un tiempo rica y próspera, debe probablemente su más terrible devastación a un error de cálculo de la flota vikinga que navegaba a lo largo de las costas del Mediterráneo en busca de tesoros por robar, de botines y ciudades por saquear. Según una antigua leyenda los normandos del rey Hasting confundieron a Luni con Roma, que era la víctima escogida para sus andanzas. Los normandos o vikingos, en el 850, ya se habían apoderado de Inglaterra y habían pasado el estrecho de Gibraltar. Roma era la última meta deseada: sabían que la ciudad de los césares se veía desde lejos, y cuando, después de haber pasado un promontorio, divisaron una ciudad esplendorosa a los rayos del sol, creyeron que habían llegado a la meta. El rey Hasting pensó en un plan ingenioso: dejaron las naves en un lugar no muy lejano, y él entró solo en la ciudad. Hizo creer que iba a comprar víveres para sus hombres y que los pagaría con objetos preciosos; además, le pidió al obispo que lo instruyera en la religión de Cristo para ser admitido al Bautismo. En el 826 su predecesor, el rey Aroldo, después de la primera predicación del monje Ansgario, había hecho lo mismo. Pero Hasting tenía otras intenciones. Admitido en la comunidad cristiana, se fingió enfermo y, tan pronto llegó donde sus hombres, se hizo el muerto. Los habitantes de Luni y su obispo fueron a recibir el cadáver para darle cristiana sepultura; pero tan pronto el féretro llegó a la catedral acompañado de los vikingos, el rey salió del cajón, vivo y sano y armado hasta los dientes. Era la señal para la gran matanza, en la que pereció también el obispo. Sin tener en cuenta el colorido legendario, la incursión normana que marcó la decadencia definitiva de Luni sucedió efectivamente en el 860. Pero hay dos versiones sobre el papel que desempeñó san Checcardo, a quien, según una de estas versiones, le correspondió la tarea de reconstruir material y espiritualmente la hermosa ciudad etrusca, como sucesor del obispo Gualquiero, asesinado en esa matanza. Checcardo fue a Carrara a escoger los mármoles para la nueva catedral, pero fue asesinado por algunos “bárbaros” a quienes no les gustaban las piadosas exhortaciones del obispo. Según la otra versión, más digna de crédito y confirmada por antiguas fuentes escritas, san Checcardo era el pastor de Luni durante la matanza de la que fue la víctima más ilustre. Los sobrevivientes de Luni llevaron el cadáver de su obispo para enterrarlo en Carrara a donde fueron a refugiarse. |