Durante mucho tiempo se creyó que el 29 de junio fue el día en el cual, en el año 67, san Pedro fue martirizado en la colina Vaticana, y san Pablo en el sitio que hoy se conoce con el nombre de las Tres Fuentes. En realidad, aunque el hecho del martirio es históricamente cierto, y también históricamente confirmado que tuvo lugar en Roma durante la persecución de Nerón, es incierto no solamente el día, sino también el año de la muerte de los dos apóstoles. Para Pablo concuerdan muchos testimonios antiguos que fijan su muerte en el 67; los pareceres no concuerdan para Pedro, y los estudiosos parecen preferir ahora el año 64. En este año, en efecto, como lo confirma el historiador pagano Tácito, “una ingente multitud” de cristianos pereció en la persecución que siguió al incendio de Roma. Parece que la fiesta del 29 de junio haya sido la “cristianización” de una celebración pagana que exaltaba la figura de Rómulo y Remo, los dos míticos fundadores de la Ciudad Eterna. San Pedro y san Pablo, en efecto, aunque no fueron los primeros en llevar la fe a Roma, son realmente los “fundadores” de la Roma cristiana: el antiguo himno litúrgico “Decora lux aeternitatis” los definía “Romae parentes”, procreadores de Roma, y uno de los himnos del nuevo breviario habla de Roma que, “fundata tali sanguine”, “celsum verticem devotionis extulit”. La palabra y la sangre son la semilla con la que los santos Pedro y Pablo, unidos a Cristo, han engendrado y engendran la Roma cristiana y a toda la Iglesia. |