Bajo el nombre insólito de Sociedad Económica comenzó una benéfica institución cultural y asistencial confiada por el padre Gianelli “a los cuidados de las Señoras de la Caridad” para la instrucción gratuita de las niñas pobres. Era el bosquejo de la fundación, que tuvo lugar en 1829, de las Hijas de María, conocidas todavía con el nombre de Hermanas Gianelinas, que han realizado un grande apostolado en América Latina. Dos años antes había creado una pequeña congregación misionera, bajo el patrocinio de san Alfonso de Ligorio, para la predicación de misiones particulares al pueblo y la organización del clero. En 1838 fue elegido obispo de Bobbio; ayudado por los Ligorianos, su joven congregación, que se reconstituyó con el nombre de Oblatos de San Alfonso, arregló muchos problemas eclesiásticos de su diócesis, cambiando párrocos poco celosos y expulsando a los indignos. Entre sus Ligorianos hubo también un apóstata, el padre Cristóbal Bonavino, una brillante inteligencia, más conocido con el seudónimo de Ausonio Franchi; racionalista y ateo, que después regresó a la fe genuinamente cristiana, retractándose de sus obras anteriores con una Ultima crítica y dando público testimonio de devoción a monseñor Gianelli, que le estuvo cerca en los momentos más críticos de su crisis espiritual. El “santo de las Hermanas” como se lo conoce en América Latina, en donde siguen floreciendo sus instituciones femeninas, terminó prematuramente su vida terrena, a la edad de 57 años, el 7 de junio de 1846. Fue declarado beato en 1925, y canonizado por Pío XII el 21 de octubre de 1951. |