- ¿Qué le da unidad a la Biblia?
- ¿Qué relación existe entre la Biblia y la Historia de la Salvación?
- ¿Qué relación hay entre historia humana e historia sagrada?
- ¿Qué se entiende por Revelación Progresiva?
- ¿Qué etapas podemos distinguir en la Historia de la salvación?
- La reconstrucción del Templo y la espera del Reinoes catológico
- Cumplimiento de la Historia de la Salvación: el NuevoTestamento
- La Historia de la Salvación continúa en la Iglesia
- ¿Qué le da unidad a la Biblia?
Una vez que hemos iniciado el camino de la lectura de la Palabra de Dios, es muy posible que nos hayamos encontrado con una dificultad o inquietud: nos puede parecer que en la Biblia se habla de todo, de historia de buenos consejos, de leyes antiguas, poesías etc., como si careciera de orden. Ante esa situación nos preguntamos: ¿Qué da unidad a la Biblia? La respuesta es sencilla y maravillosa: JESUCRISTO. En efecto, los 73 libros que conforman la Biblia poseen una asombrosa unidad en Jesucristo, eje de toda la historia de la salvación. El Antiguo Testamento nos habla de Jesús “que va a venir”, lo anuncia y prepara su venida, en tanto que el Nuevo Testamento nos habla del Jesús que “ya vino” y que vendrá de nuevo.
San Pablo, en 1Co 15, 20-28 y Ef 1, 4-12, habla del plan de salvación, según el cual todos los hombres son conducidos al Padre por medio de Cristo. Jesús es la primicia de los resucitados, que nos llevará a la plenitud del Reino de Dios, después de haber destruido el mal. Jesucristo el mal. Jesucristo con su vida, su enseñanza, su muerte y su resurrección es el centro de la historia de la salvación; por eso es de suma importancia que quien se acerque a la Palabra de Dios lo haga desde esta “óptica cristológica”, para que sepa percibir a presencia de Cristo en cada página de la Sagrada Escritura , como El lo enseña a los discípulos de Meaux (cf. Lc 24, 25-27).
- ¿Qué relación existe entre la Biblia y la Historia de la Salvación?
Una vez que hemos iniciado el camino de la lectura de la Palabra de Dios, es muy posible que nos hayamos encontrado con una dificultad o inquietud: nos puede parecer que en la Biblia se habla de todo, de historia de buenos consejos, de leyes antiguas, poesías etc., como si careciera de orden. Ante esa situación nos preguntamos: ¿Qué da unidad a la Biblia? La respuesta es sencilla y maravillosa: JESUCRISTO. En efecto, los 73 libros que conforman la Biblia poseen una asombrosa unidad en Jesucristo, eje de toda la historia de la salvación. El Antiguo Testamento nos habla de Jesús “que va a venir”, lo anuncia y prepara su venida, en tanto que el Nuevo Testamento nos habla del Jesús que “ya vino” y que vendrá de nuevo.
San Pablo, en 1Co 15, 20-28 y Ef 1, 4-12, habla del plan de salvación, según el cual todos los hombres son conducidos al Padre por medio de Cristo. Jesús es la primicia de los resucitados, que nos llevará a la plenitud del Reino de Dios, después de haber destruido el mal. Jesucristo el mal. Jesucristo con su vida, su enseñanza, su muerte y su resurrección es el centro de la historia de la salvación; por eso es de suma importancia que quien se acerque a la Palabra de Dios lo haga desde esta “óptica cristológica”, para que sepa percibir a presencia de Cristo en cada página de la Sagrada Escritura , como El lo enseña a los discípulos de Meaux (cf. Lc 24, 25-27).
- ¿Qué relación hay entre historia humana e historia sagrada?
La acción salvadora de Dios a favor de todos los hombres inicia históricamente con una pequeña familia (Abraham) y luego se desarrolla en la historia de un pueblo, aparentemente insignificante para la historia humana: el pueblo de Israel. Este pequeño pueblo fue el escenario de la maravillosa intervención salvífica de Dios. Todo lo que acontecía en aquella pequeña nación, por ser depositaria de la misión divina, se fue revistiendo de carácter sagrado. Por eso todos los acontecimientos, hasta las leyes que reglamentaban su vida social y política, eran interpretados y vividos por los judíos como auténtica intervenciones salvíficas del Señor Yahvé.
Según esto, podríamos llegar a afirmar que para la Biblia no hay diferencia entre historia sagrada e historia profana: las dos formas, más bien, un solo misterio de amor: la manera en que Dios habla al hombre de todos los tiempos, a través de los acontecimientos humanos. Lo importante es que el creyente sepa interpretar y vivir esos acontecimientos humanos cotidianos como verdaderas intervenciones liberadoras y “re-creadoras” de su Dios Creador.
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¿Qué se entiende por “Revelación Progresiva”?
Debemos entender por Revelación Progresiva aquel “proceso educativo” de Dios en la Historia de la Salvación. En efecto, cuando leemos la Biblia, especialmente el Antiguo Testamento, nos sorprende encontrar ciertos hechos permitidos por Dios que van en contra del sentido y la moral cristiana; por ejemplo, la poligamia practicada por los patriarcas (cf. Gn 29, 15-30), o los relatos de guerras, matanzas y asesinatos protagonizados por el pueblo de Israel contra pueblos vecinos, como si fueran mandados por el mismo Dios (cf. Jos 6, 21), o los pasajes que indican inferioridad de la mujer frente al hombre (cf. Nm 5, 11-31; Dt 24, 1-4), o las duras condenas a muerte por el incumplimiento de las leyes (cf. Lv 20, 1-21; Jn 8, 1-5).
Estos hechos desconcertantes sólo podemos comprenderlos e interpretarlos correctamente a la luz de un plan histórico de pedagogía del Señor con su pueblo: respetando la libertad, la mentalidad y las costumbres de su tiempo y cultura. Dios lo llevó poco apoco hacia la plena y perfecta revelación en Cristo Jesús. Así como la mamá enseña a caminar a su hijito poco a poco, pasito a pasito, así lo hizo Dios con su pueblo, le fue revelando progresivamente sus misterios, hasta conducirlo a su perfecta revelación en Jesús. Tampoco podemos olvidar que en este diálogo entre Dios y el pueblo de Israel, el señor siempre se manifestó como el Dios fiel, fiel a sus promesas y a su amor; en tanto que Israel se caracterizó por sus frecuentes infidelidades y rupturas de la alianza. Dios no obliga, mas bien comprende y acompaña a su pueblo para que paulatinamente vaya accediendo a la comprensión y vivencia de sus misterios salvíficos, llevados a su plenitud en su Hijo.
- ¿Qué etapas podemos distinguir en la Historia de la salvación?
Siguiendo las enseñanzas de san Pablo (cf. 1Co 1, 3; 2, 15 y Ef 1, 3-21) podemos sintetizar este plan divino en las siguientes etapas:
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Preparación del plan de salvación en la mente de Dios, desde la eternidad, en Cristo.
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Preparación de la plenitud de los tiempos (todo el Antiguo Testamento).
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Realización de la salvación de su plenitud con Cristo (Evangelios).
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Desarrollo de la salvación en el tiempo, por medio de la Iglesia, como nuevo Pueblo de Dios, al servicio del Reino y en marcha hacia El (Hechos de los Apóstoles, Cartas y Apocalipsis).
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El término, el final de los tiempos, cuando la historia acabe y se instaure plenamente el Reino de Dios.
Consideremos ahora cómo se especifican y dividen estas grandes etapas de la Historia de la Salvación:
5.1 Preparación del pueblo de Dios:
Con la llamada de Abraham por parte de Yahvé (Gn 12) se inicia la experiencia de fe del pueblo. Aunque oficialmente no exista Israel como pueblo, Dios se va revelando a cada uno de los patriarcas, hasta Moisés. Sólo con la experiencia de liberación de la esclavitud de Egipto y su peregrinaje hacia la tierra prometida Israel empieza a tener clara conciencia de ser pueblo de Dios.
5.2 Nacimiento del pueblo de Dios:
En la experiencia del desierto y de la alianza en el Sinaí (Ex 20) el pueblo adquiere la convicción de haber sido creado por Dios, y hace alianza con El pueblo responde a través de Moisés, con la “toráh” (es decir, la LEY) y con un culto al único Dios: Yahvé; además sienten que es un pueblo especial y diverso a los demás.
5.3 Época de David, prefiguración del Rey-Mesías:
Cuando Israel se instala en Palestina (tierra prometida), cambia su estado de vida; deja de ser pueblo nómada de pastores, y se convierte en un pueblo sedentario de agricultores. El gobierno, hasta entonces estaba en manos de un caudillo o enviado de Dios (Moisés, Josué, os Jueces), se transforma en monarquía, (cf. 1Sm 8). Esta experiencia de monarquía, relatada por los libros de Samuel, Reyes y Crónicas, es muy rica para la historia de la salvación, en cuanto que Dios continúa su alianza con su pueblo a través del rey.
Hay tres aspectos importantes en la monarquía dentro del pueblo de Israel:
- El rey tiene autoridad por sí mismo: Dios sigue siendo el único soberano para su pueblo. Los reyes representan la autoridad de Dios.
- El rey, es ante todo, el “ungido”, el consagrado de Yahvé, por ello debe ser reflejo de su santidad, y por eso, cuando el rey se hace indigno, es severamente reprendido por los profetas y decae su poder (cf. 1Sm 15, 9ss).
- La figura del rey, especialmente la de David , es también un símbolo o prefiguración del futuro Mesías o Salvador que Dios enviará, es decir, su Hijo Jesucristo (cf. 2 Sm 7, 12-17).
5.4 Los educadores del pueblo de Dios: los profetas:
Cuando los reyes de Israel empezaron a ser indignos y a olvidarse de Yahvé, después del rey Salomón (año 930 aC ), no eran más las figuras del Mesías Salvador, pues había alejado su corazón de Dios. El pueblo por su parte se desvió también del camino de Yahvé, siendo infiel ala alianza. En estas circunstancias sobreviene la experiencia de división de Israel en dos reinos, y el doloroso, pero ala vez pedagógico, destierro a Babilonia (año 587 aC ).
En este periodo Dios suscita a los profetas como mensajeros suyos que anuncien su voluntad y denuncien valientemente las infidelidades y desviaciones tanto de los reyes y autoridades, como de la gente del pueblo. Su voz era una invitación a la conciencia del pueblo para recordarle la Alianza con Dios y para afianzar la esperanza en medio de la tribulación del destierro.
Los profetas son hombres que viven profundamente las vicisitudes del pueblo, escuchan fielmente los acontecimientos de la historia, interpretándolos a la luz de la Alianza y la fe Yahvé como hechos salvíficos, y ayudan a construir la esperanza de un reino de salvación y vida abundantes. Con los profetas se purifica la Alianza en una “nueva alianza” y un “corazón nuevo” (cf. Jn 31, 31-34; Ez 36). También en la época profética se purifica la idea del Mesías Salvador; ya no será visto como rey, sino más como el “siervo de Yahvé” que carga con el dolor de un pueblo y ofrece la liberación a todas las naciones (cf. Is 53, 1-12), enriquecido este concepto con la imagen apocalíptica del “Hijo del hombre” (cf. Dn 7, 9-28).
5.5 La crisis del exilio y los grandes interrogantes:
Durante y después de la triste experiencia del destierro a Babilonia (años 587- 583 a . C) surgen en el pueblo muchas y enriquecedoras reflexiones acerca de su historia, de su origen, del sentido de la vida y del sufrimiento, del hombre, de la muerte, etc. El pueblo de Israel hace una relectura de su pasado desde la óptica de la fe, y así aparecen, por ejemplo, Génesis y los libros sapienciales, que se proponen, sobre todo, hacer una reflexión en torno al significado de la existencia humana.
Especialmente después de exilio, aparece el genero literario “MIDRASH”, como interpretación religiosa de la historia, cuyo ejemplo lo tenemos en los libros como Tobías, Esther, Judith, Ruth y Jonás. Por su parte, aparecen también los libros de Crónicas, Esdras y Nehemías proponiendo un esperanzador desafío de reconstrucción de Israel, como comunidad o Asambleas de Dios, donde de remueve la Alianza con Yahvé, especialmente a través del Culto y la “Toráh ” (ley). Surgen instituciones muy importantes como “el sábado” y la sinagoga, al tiempo que se da una particular importancia a la casta y fundación sacerdotal dentro del pueblo, cuya tarea no se reduce a presidir el culto, sino también tiene que ver con la legítima interpretación de la ley.
En esta fecunda etapa, renace, finalmente, la tendencia a releer y sentir su historia de salvación también desde el ámbito de la oración y la contemplación, oportunidad en la cual se redactan Los Salmos y el Cantar de los Cantares.
- La reconstrucción del Templo y la espera del Reino escatológico:
En el año 583 aC vuelven los exiliados de Babilonia y, entre la desilusión de muchos y el entusiasmo de pocos, se reconstruye el Templo de Jerusalén, símbolo concreto de la alianza y de la presencia de Dios en medio de su pueblo (cf. Ne 8).
La espera del Reino de Dios, con el Mesías Salvador, que desde el tiempo de los reyes se había pensado en términos políticos, recobra fuerzas y el pueblo espera la realización de esta promesa de Yahvé. Sin embargo, las amargas experiencias de derrota, exilio e infidelidad del pueblo y sus jefes, van produciendo un proceso de “idealización” de dicha esperanza; así es como la espera del Salvador se hace “escatológica”, es decir, más allá del tiempo, cuando el Hijo del hombre venza definitivamente las potencias del mal. Es precisamente en este contexto en el que irrumpe en la historia de la salvación la plenitud de los tiempos, con la venida de Cristo, realización de todas las promesas y sello definitivo de la Alianza entre Dios y el pueblo.
- Cumplimiento de la Historia de la Salvación: el Nuevo Testamento:
La venida del Hijo de Dios, que asume nuestra naturaleza y nuestra historia, realiza plenamente toda la espera del Mesías y sella de modo excelso el plan salvífico de Dios a favor de la humanidad. En Jesús , en su vida, en sus palabras, en su misterio pascual (pasión-muerte-resurrección), alcanzan sentido y plenitud muchas páginas del Antiguo Testamento que habían anunciado la dignidad y misión del Mesías Salvador. Así pues, Jesús es el Cordero cuya sangre libera al pueblo de la esclavitud (cf. Ex 12, 21-28); es el alimento misterioso y salvífico que sostiene el peregrinaje por el desierto de la vida (cf. Ex 16, 1-9); es el Rey-Mesías prefigurado en David; es el “siervo de Yahvé” anunciado por Isaías. En una palabra, Jesús es el cumplimiento de la esperanza del pueblo de Dios, es el cumplimiento de todo lo anunciado y prefigurado en el Antiguo Testamento.
- La Historia de la Salvación continúa en la Iglesia:
La Historia de la Salvación que tiene como eje a Cristo, continúa en la Iglesia y en cada cristiano. No es que la Iglesia sea el Reino de Dios, pero sí es su germen en el mundo. La Iglesia está al servicio del Reino y toda su misión gira en torno a la construcción de ese Reino en los valores de la justicia, la solidaridad, la paz y el amor. Tarea prioritaria de la Iglesia, de cada bautizado que es Iglesia, consiste, pues, en instaurar ya desde aquí el Reino de Dios y de, que tendrán sin embargo su cumplimiento definitivo al final de los tiempos, a través del triple compromiso profético, pastoral y sacerdotal.
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