El genio organizador del P. Alberione, su sensibilidad ante las necesidades del tiempo y la exigencia de una colaboración cada vez más amplia en las iniciativas paulinas, fueron llevando, en el transcurso de medio siglo, a la fundación de una serie de instituciones, diversas en su estructura, pero unidas por el mismo ideal apostólico. Así, el P. Alberione ha dejado en herencia a la Iglesia, además de la Sociedad de San Pablo, nada menos que otras nueve fundaciones. «Todos estos institutos, considerados en su conjunto, forman la Familia Paulina... Tienen común origen, común espíritu y fines convergentes» (UPS III, 185; cf AD 34-35). «Su pertenencia a la Familia Paulina, que el Fundador quiso constituir como tal, es uno de los elementos carismáticos de cada instituto» (Const. SSP, 3). |