Fue servidor diligente de su Estado, pero no se doblegó a las razones de Estado cuando el padre le propuso el matrimonio con la hija de Federico III, para ampliar, con la política matrimonial, los ya extensos confines del reino. El príncipe Casimiro no quería abandonar su ideal ascético de pureza por ventajas materiales que él no deseaba. De extraordinaria belleza, admirado y cortejado, Casimiro había reservado su corazón sólo para la Virgen María. “Alma mía -escribía en uno de sus muchos “madrigales” que dedicaba a la Virgen- no pases un sólo día sin rendir tus homenajes a María; solemniza devotamente sus fiestas, proclama todas sus virtudes. Admira su grandeza y su dignidad sobre todas las criaturas”. Murió, víctima de la tuberculosis, a la edad de 25 años en Grodno (en la Lituania anexa a Rusia) el 4 de marzo de 1484. Tan pronto murió, todo el pueblo polaco comenzó a venerarlo. En 1521 el papa León X lo canonizó y lo declaró patrono de Polonia y Lituania.
Un biógrafo suyo, casi contemporáneo del Santo, escribe de él: una caridad casi increíble, no fingida, ni falsa, sino sincera, con la que amaba ciertamente a Dios Todopoderoso, se había derramado tan abundantemente, por la acción del Espíritu Santo, en el corazón de Casimiro, y de un modo tan exuberante -y, desde su interior, se desbordaba sobre el prójimo-, que nada le era tan agradable y apetecible como la entrega no sólo de sus bienes, sino de toda su persona en servicio de los pobres de Cristo, de los peregrinos, de los enfermos, de los cautivos y de los afligidos.
Defendía y tomaba como suyas las causas de los pobres y míseros, por lo que el pueblo lo llamaba el defensor de los pobres. Y, aunque era hijo del rey y de noble ascendencia, nunca, ni en su trato ni en sus palabras, se mostraba altivo con nadie, por humilde y poca cosa que fuera. |