Más tarde participó en la defensa de Viena, asediada por Solimán II.
Terminado el paréntesis militar, mientras tuvo dinero en el bolsillo, vagó por media Europa y fue a dar a Africa en donde hizo de jornalero; durante algún tiempo se dedicó a hacer de vendedor ambulante en Gibraltar, comerciando pacotilla; finalmente se estableció en Granada (España) en donde fundó una pequeña librería. Allí fue donde Juan de Dios cambió radicalmente de vida, después de escuchar un sermón del beato Juan de Avila. Juan de Dios abandonó todo, vendió libros y negocio, se privó hasta de los zapatos y el vestido y se fue a mendigar por las calles de Granada, dirigiendo a los peatones la famosa frase que se convertiría en el emblema de la benemérita institución: “Haced el bien, hermanos, a vosotros mismos”.
La curación del espíritu era la premisa para la eficaz curación del cuerpo. Reunió a sus colaboradores en una gran familia religiosa, que es la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. Juan murió a los 55 años de edad, el mismo día de su cumpleaños, el 8 de marzo de 1550. Fue canonizado en 1690. León XIII lo declaró patrono de los hospitales y de cuantos trabajan por los enfermos. |