En este período Luisa conoció su origen y eso la hizo sufrir mucho, fue entonces cuando también maduró su propósito de hacerse religiosa, pero los familiares se opusieron y Luisa tuvo que casarse con el escudero y secretario de María de Medici, Antonio Le Gras, el 5 de febrero de 1613. El 19 de octubre de ese año nació su hijo, Miguel. La larga enfermedad del esposo y las grandes dificultades económicas turbaron desde el comienzo la armonía familiar, hasta el punto de que Luisa pensó en la separación.
Los frecuentes coloquios con san Francisco de Sales, a quien encontró por primera vez en París en 1618, la ayudaron a superar este difícil momento. Después Vicente de Paúl la asoció a la proyectada fundación del Instituto de las Hijas de la Caridad. Poco después, muerto el esposo, en diciembre de 1625, y cuando el hijo Miguel había entrado al seminario, Luisa pudo recibir en su casa a las primeras jóvenes que deseaban dedicarse al servicio de los pobres, en colaboración con las Damas de la Caridad. Era el primer núcleo de la nueva revolucionaria congregación.
Murió el 15 de marzo de 1660, pocos meses antes del “padre de los pobres”, de quien aprendió la sencillez de la vida interior y el espíritu práctico. En sintonía con el santo fundador, según el cual la santidad es más auténtica cuanto más escondida, Luisa de Marillac tuvo los honores de los altares sólo el 11 de marzo de 1934. En 1960 el papa Juan XXIII la declaró patrona de los Asistentes Sociales. |