San Eulogio es el más importante de los “Mártires de Córdoba”, y san Rodrigo y Salomón son los más característicos. Estos tres y muchos otros santos dieron testimonio de Cristo con sus virtudes cristianas y después con el martirio en Córdoba, la importante ciudad andalusa.
Esta ciudad les fue arrebatada a los visigodos por los árabes en el 771, y logró su apogeo cultural en el siglo X, antes de ser reconquistada, en el 1236 por Fernando III de Castilla.
Los musulmanes no siempre fueron feroces perseguidores de los cristianos, a los que les imponían sólo que no dieran públicamente testimonio de su fe y sobre todo que dieran periódicamente un tributo: si esto significaba espíritu de independencia y de autonomía para el pueblo, los cristianos no podían tolerar una especie de invernadero religioso.
A eso se debieron algunas reacciones contra la dominación musulmana que eran aplastadas con esporádicas persecuciones. De estas reacciones fueron protagonistas Rodrigo, Salomón y Eulogio.
No sabemos casi nada de Salomón, antes de su encarcelamiento que sufrió con Rodrigo y que terminó con el martirio por degollación el 13 de marzo del 857. De san Rodrigo sabemos que fue sacerdote y que tenía dos hermanos, uno católico y otro musulmán, continuamente en peleas: un día se pelearon seriamente y Rodrigo quiso poner paz entre los dos, pero recibió palos de uno y otro. Cuando estaba medio muerto, el hermano musulmán le hizo una mala jugada: lo colocó en un carro de caballos y lo llevó por las calles de la ciudad, diciendo a todos que ante el peligro de la muerte su hermano había abrazado la fe islámica. Pero Rodrigo fue curado milagrosamente y siguió ejerciendo su ministerio.
San Eulogio también era sacerdote; no pudiendo aceptar la pasividad de los cristianos, escribió y habló abiertamente contra el Corán. Fue encarcelado, pero como animó a sus compañeros con una eficaz Exhortación a los mártires, lo dejaron en libertad. Fue decapitado el 11 de marzo del año 859. |