De aquí lo llevó en 1104 el obispo Juan para que estuviera con él y para confiarle la reforma de la disciplina eclesiástica. En 1114 Ubaldo recibió la Ordenación Sacerdotal e inmediatamente fue elegido prior de la comunidad religiosa que se había formado en la casa parroquial de san Mariano, titular de la catedral. Impulsó la vida ascética de esta pequeña comunidad, siguiendo el ejemplo de san Pedro Damián, que había transformado Fuente Avellana en un centro ejemplar de vida religiosa. Ubaldo se dirigió a Fuente Avellana, después que un incendio acabó con la catedral, la casa parroquial y dispersó a su comunidad. En 1129 el papa Onorio II lo nombró obispo de Gubbio y él mismo lo consagró. Fue obispo durante 31 años, y pastor celoso, manso, generoso, activísimo y valiente. Su pueblo lo amó por la firmeza con la que defendió a los débiles contra la arrogancia de los señores feudales, como también cuando en 1155 defendió a la ciudad contra la amenaza de total destrucción por parte de Federico Barbarroja. Pero Ubaldo era esencialmente hombre de paz: siempre recurría a las armas de la persuasión, de la caridad y de la dulzura para doblegar a los adversarios, aun a los más hostiles. Murió en la madrugada el 16 de mayo de 1160. El unánime tributo de devoción de los habitantes de Gubbio, que lo proclamaron su patrono inmediatamente después de la muerte, aceleró el reconocimiento oficial de la Iglesia, que lo canonizó a sólo treinta años de su muerte, el 5 de marzo de 1192.
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