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Su vocación siempre fue la vida monástica. Nació hacia el año 1028 y al parecer comenzó su vida monástica en Cluny.
Después de haber colaborado con los papas León IX y Alejandro II, fue proclamado papa unánimemente por el pueblo el 22 de abril de 1073, a los ocho días los cardenales confirmaron la elección, que él aceptó con mucho dolor, gemido y llanto. En 1076 comenzó el duro choque con el emperador Enrique IV, que se humilló en Canosa, pero luego retomó las riendas del imperio, se vengó haciendo elegir un antipapa y marchando sobre Roma. Gregorio VII, abandonado por los mismos cardenales se refugió en el Castillo de San Angelo, luego se retiró en destierro voluntario a Salerno, en donde murió al año siguiente, el 5 de mayo de 1085, invitando a los feligreses a socorrer a la madre Iglesia.
Su cuerpo fue sepultado en la catedral de Salerno. Fue canonizado en el 1606. |