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Nació en Bra, un pueblo al norte de Italia, teólogo de Turín, luego fue coadjutor en Corneliano de Alba, donde celebraba la misa de las tres de la mañana para que los campesinos pudieran asistir antes de ir a trabajar, y les decía “la cosecha será mejor con la bendición de Dios”. Después fue nombrado canónigo de Turín, donde le tocó presenciar la muerte de una mujer, rodeada de sus hijos que lloraban, y a la que se le habían negado los auxilios más urgentes por ser sumamente pobre.
Esto le sirvió como motivación para emprender su obra bienhechora, vendiendo todo lo que tenía, hasta su propio manto, alquiló un par de piezas y ofrecía albergue gratuito a una anciana paralítica, poniendo su confianza en la Divina Providencia. Después por impedimento de las autoridades, se trasladó a Valdoccco, dónde amplió enormemente su casa.
Murió el 30 de abril de 1842, incentivando una vez más a sus hijos a dar gracias a la Divina Providencia. |